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Agosto

La  desapacible mañana del 2 de agosto llegué al estudio, entré a mi oficina y había un gato sobre el escritorio. Un cachorro. Giré sobre mi eje hacia Alicia que estaba concentrada en hacer el primer café de la mañana; el que uso para negociar mi alma al diablo.

_ Alicia…

_ Licenciado.

_ ¿Hay un gato sobre mi escritorio?

_ Sí.

_ ¿Tiene cita?

_ No, solo estaba en la puerta y como de los dos el que más sabe de gatos es usted asumí que querría cuidarlo. Tiene turno a las 11 en la veterinaria para desparasitarlo y vacunarlo. Ahí le van a decir cuando tiene que ir para esterilizarlo.

Alicia maneja mi vida con impertinencia y eficiencia, disculpen la cacofonía. Es apenas mayor que yo pero ejerce sobre mí un una maternalidad atenazante que le permito sin reparos.

_ Le voy a poner Mercenario sangriento.

_ No le puede poner Mercenario sangriento porque es nena. Y se llama Audrey Herpburn.

_ Ahja…

_ Cuídela bien.

Audrey Herpburn es gris y encantadora y se encargó de hacer mi mañana más interesante. Los clientes que llegaron tenían problemas comunes y aburridos; Hacia las 11, Alicia me pregunta si voy a ir yo al veterinario o si se encarga ella. _ No, no! voy yo Ali.

Agarré a Audrey Herpburn con una mano, apoyándola contra el pecho y caminamos al veterinario que estaba a seis cuadras. Nos atendió Florencia, una veterinaria con acento levemente cordobés.

_ ¿Hace mucho que estás acá?

_ 5 años…¿es la primera vez que tenés un gatito?

_ Sip; siempre fui más de perros.

_ Te vas a enamorar.

_ Ya lo sé.

Julio

A Bárbara no le importa nada. Seis meses sin verla y entra a mi casa como si nos hubiésemos visto ayer; Pero tiene razón: se siente como si la hubiese visto, no digo ayer, pero sí la semana pasada. Entiendo la diferencia por una cuestión física. La última vez que vino hacía calor y estaba semidesnuda. Hoy está de jeans, botas y una campera de pluma de esas simil técnicas que usan todos. Igual noto que está más flaca y algo pálida.

_ Hola pelotudazo. Te extrañé _  Me da un pico medio fuerte que me choca contra los dientes y que me duele después de las trompadas de Juan Carlos.

_ Despacio B.; me duele

_ ¿Contra que chocaste?_ me hace reír, como siempre. No tanto lo que dice, si no cómo lo dice.

_ Contra un ex boxeador. La clase de incidentes en los que ya no debería meterme.

_ Es porque no estoy en tu vida, pajerito. No sabés como distraerte. Seguro había una pendeja boluda de por medio.

_ Sí estás en mi vida pero no te creas imprescindible y no había ninguna pendeja _  No le miento porque estrictamente hablando no hay nada. Me ignora, como hace siempre y hace bien. Se acerca a la mesa y ve la pila de libros desordenados. Toma uno y lee la cubierta…

_ ¿”Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo. Tomo 1”; ¿Hay un tomo 2 de esta poronga…? _ Boludo, ¿que te pasa? ¡Me extrañás de verdad!

_ Estoy en el medio de un bloqueo de escritor. Lo tomo como un interludio pero solo logro odiarme…

_ Me extrañás nabo _ me lo dice bajito, tocándome el culo. Sí extrañaba esta cosa autosuficiente y arrolladora de Bárbara.

… pero también logré dibujar  un set completo de mi versión de la Liga de la Justicia

_ Interesantísimo. Me estarías excitando con eso.

_ Profundicé mi conocimiento sobre el papel de la caballería en las guerras de independencia.

_ ¿Estás tratando de seducirme? Sabés que las tácticas de caballería ligera son mi debilidad.

_ También releí la poesía de Bukowski,

_ Upa…

_ Y a Ernest Cline: su nerdismo me es referencial.

_ Basta Salvador; esto es casi una violación._ Es tan tarada que me hace cagar de risa la boluda, pero la miro con seriedad. Igual sabe que soy vulnerable a su humor.

_ Y bosquejé un ensayo sobre el auge y declive del asalto paracaidista como táctica durante la segunda guerra mundial. _ Termino de decir eso y se agarra las tetas con un gesto lascivo. Yo la miro  entre impasible y con fastidio simulado.

_ Y entendí la imposibilidad de traducir correctamente a Cummings, among other things…

_ Recitame a Cummings putito. En serio.

_ Fui a ver Mad Max y me encantó. ¿Vos en qué andás?

_ Dale paja. Recitáme a Cummings._ me agarra las manos, entrelazando los dedos.

_ I like my body when it is with your

body. It is so quite new a thing.

Muscles better and nerves more…

_ Salvador…

_ Callate Bárbara. “I like your body.  I like what it does,

i like its hows.  i like to feel the spine

of your body and its bones,and the trembling

-firm-smooth ness and which i will

again and again and again

kiss,

_Ahora en castellano. Y desnudo.

_ No se puede traducir a Cummings. No se puede bien. “ I like kissing this and that of you,

i like, slowly stroking the,shocking fuzz

of your electric furr,and what-is-it comes

over parting flesh….And eyes big love-crumbs,

and possibly i like the thrill

of under me you so quite new

_ Intentalo putito. Confío en vos._ “Confío en vos”, me dice la hija de puta. _ “Quiero mi cuerpo cuando está con tu

cuerpo. Es algo tan nuevo. _ Voy a hacer siempre lo que me pida, aunque esté mal.

“Los músculos mejor y aún más los nervios.

quiero tu cuerpo. Quiero lo que hace,

quiero sus modos…” _  me abraza y también me mete la mano por todos lados.

_ B. , tenés las manos heladas.

quiero el tacto de su espina

dorsal, sus huesos y la palpitante

-lisura-fiel que he de

otra vez otra y otra

besar, quiero besarte aquí y allí,

_  Sí.  Calentámelas.

_ “quiero, lentamente palpar, rozar el vello

de tu eléctrica piel, y aquel que nace

sobre la hendida carne… Y grandes ojos migas de amor,

_ Viste que podías en castellano. _ Apoya la cabeza en mi hombro y me abraza sin final metiendo las manos por el cuello de la camisa y por atrás de la espalda, tocándome la piel, desacomodándome la camisa y todo. Bárbara está en mi vida para eso, para desacomodarme todo.

_“y tal vez quiero el estremecimiento

bajo de mí de ti tan nueva”.

_ Recitame otro, pero desnudo._

_ Lo que vos quieras pendeja del orto.

Junio

En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:-Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.

Temor de la cólera

Ah’med el Qalyubi

Llevo meses sin ver a Bárbara. Seis. Hablamos y nos mandamos mensajes de whatsapp pero no nos vemos. Ella está inmersa en la dinámica de su matrimonio y parte de esa dinámica incluye huír de esa dinámica y se conscribe en actividades auxiliares como dibujo, inglés, un orfanato de mascotas, yoga, teatro y la finalización de sus estudios. La extraño a horrores. No extraño el sexo descalabrado sino la concreción de ese debate físico en el que hablábamos de cosas absurdas con total seriedad y veíamos documentales sobre leones del desierto, sabiendo que los dos veíamos y sentíamos lo mismo.Bueno, el sexo también. Sin darme cuenta, le dí un espacio en mi vida y ahora hay un hueco en el que todo cae y significa nada.

Para huir de esa dinámica me conscribí en actividades auxiliares como buceo, teatro, box, la docencia y una observación más profunda de la lectura; tan profunda que por momentos dejaba de ser recreativa.

A box va Bernardita, 23 años, delicada, suave, llena de músculos estilizados y cuando se sube al ring se convierte en una máquina de pegar piñas. Bernardita me llama con diminutivos, me da besos en el cachete y se ríe de mi humor ácido, cuando lo entiende. Yo me dejo, como se deja acariciar un perro viejo; Su novio, Juan Carlos,  un metalúrgico, ex boxeador, futbolista y creo también, ex piloto de carreras. Me cuenta, así como un secreto, que se cogió a todas las del gimnasio; “porque Dios me dió una cosa así y las minas se cuentan, ¿viste?” y hace una señal con la mano en la que cabría el amortiguador de una camioneta. Yo lo miro como si estuviera interesado; pero sé que se me nota que me parece un simio. Hace esfuerzos para que me caiga bien y ese esfuerzo abunda mi impresión. Saber que pone sus manos en Bernardita es como encontrar un murciélago en el pino de navidad.

En el principio del verano nos enteramos que Juan Carlos tuvo un accidente de trabajo. Una herida leve en la oreja. La herida se infectó, la oreja completa tuvo que ser amputada y parte de la audición quedó comprometida. Pensé que era yo solo, pero la impresión general era de “Y viste que el boludo este se cree que se las sabe todas”. Un día Juan Carlos apareció con Bernardita de la mano. Si antes se podía reconocer alguna clase de atractivo animal en  JC, había desaparecido con la oreja amputada. Parecía que en realidad le habían cortado un pedazo de chota.  Contó como el disco de la amoladora se rompió y un pedazo le cercenó un extremo pequeño de oreja. La guapeó y siguió trabajando y ni la máscara se puso. Cuando llegó a su casa arregló todo con una gasa y tela adhesiva. A lo macho.

_ Es que no hay que darle máquinas peligrosas a cualquier chimpancé…_ Dije yo, sin que se me mueva un músculo. Y todos se me quedaron mirando, porque en realidad me lo dije a mí mismo, pero debo haber estado distraído y lo dije en voz alta.

El penoso y desvergonzado relato del avance de la infección hasta la mutilación final continuó sin que pudiera encontrar nada para evadirlo. El grupo rodea a Juan Carlos mostrando interés y pena pero mi comentario había roto la tela que separa la admiración y el desprecio.  Yo le miraba la cara a Bernadita y ella me miraba como diciendo “Y si… un poco entendí, pero ya estoy metida en esta y estoy hasta la pija”.

El relato se diluyó y el grupo se separó hacia las actividades del día. Mientras termino de vendarme las manos para hacer bolsa, Juan Carlos me grita desde la otra punta. _ “Salvador!!!, vamo`a guantear?; dale puto”

Lo miré con comprensión. Está bien Juan Carlos. Estuve mal. Te toca sacarme la mierda. La miro a Bernardita y me parece que tiene un poco de vergüenza.

Hice un gesto con el brazo como diciendo, “vamos”. Lo entendí les juro que lo entendí.

Entramos al cuadrilátero y el coach me dijo, _ “Cuidado con la oreja; no muy fuerte”. Lo miré como diciendo “Soy el mejor de los hombres en este pedazo de planeta Coach”.

Yo no sé boxear. Sé poner las manos en guardia y apuntar algún que otro golpe pero no sé prever movimientos. No sé navegar el espacio. “Cintura” es un concepto táctico desconocido para mí. Juan Carlos sabe todo eso, pero le falta una oreja.

Dos rounds. Inicio el tema, más para apurarlo y terminarlo que por otra cosa. Me abalanzo y Juan Carlos me pone las cosas en claro con una piña bien dada en la nariz. Ok… entendí. Yo tiro unas piñas mal dadas; Juan Carlos me tira un cross clarísimo que me sacude todo. “Dios mío, que buena piña”, me digo a mí mismo. Esta pelea no es una pelea. Es una catarsis. Juan Carlos es un dios malévolo al que enfrento para expiar mi soledad y mi sardonismo. Un dios con una sola oreja que me mira sin comprenderme, movilizado por la venganza. Juan Carlos es todo lo que necesito. Mostrame tu dolor Juan Carlos. Te falta una oreja. Ok… A mi me falta el corazón. La miré a Bernardita y Juan Carlos se distrajo porque vio que la miré y yo aproveché. Jab y derechazo al lugar donde estaba la oreja: soy un hijo de puta. Tomá, dios pijón del orto. Ahora JC no se ahorra nada. Entra una piña al hígado que es el infierno. Con esa estoy terminado. Me caen dos trompadas más: un cross y un gancho que son un lujo. Yo caigo sin gracia. Me levanto y el coach me dice _“La cortamos acá Salvador, listo”. Yo lo miro sin poder respirar. Hace rato que no tengo aire. Solo tengo el motor de la desesperanza. Me levanto y sonrío. “Dale JC: mostrame tu dolor”_, pienso _ “Yo te muestro el mío”. Tiré una última piña que no importó. Me desperté en el suelo. El coach está pidiendo una ambulancia por teléfono. Bernardita está arrodillada al lado mío con cara de preocupada. Tiene su mano en mi frente. En el fondo está Juan Carlos, sentado en un banco de madera sacándose los guantes. Cuando llegan los de la ambulancia ya estoy en mí. El más joven me dice que no pasa nada pero que me haga una ecografía por las dudas. El más viejo me dice que me deje de joder y que me tome las cosas con calma. Bernardita se está yendo con JC, se suelta de la mano del chimpancé y corre a darme un beso en la mejilla; esos besos de ella. _“Sos alucinante Salvador” me dice. Y corre de vuelta con el simio.

kovalsky

Abril

Leia Skywalker está de viaje de intercambio. Los primeros meses no la extrañé en los términos clásicos que un padre extraña a su hija que está a miles de kilómetros: el viaje es una circunstancia feliz. Sí en cambio me agarró una cosa de querer apretujarla una mañana en que me llegó uno de sus wassap. -“Hice una compra impulsiva”, me pone y yo me imagino que se compró una góndola con gondolero y todo o un oso polar,  pero me pasa una foto de un libro de Calvin y Hobbes.

calvin2

Tiene 16 años y soy para Leia Skywalker una figura abominable. Nos quedan esas cosas que son de los dos: Calvin y Hobbes, cierto gusto excéntrico por el cine que incluye la conciencia de que las chick flicks son boludísimas, pero necesarias; y no mucho más. Lo demás es un debate generado desde el momento alucinante en que empezó a tener una opinión formada; desde el momento en que empecé a aprender de ella.

En febrero del ´45 durante las batallas en torno al Irrawady, los oficiales del ejército británico observaron, no sin desconcierto, la compleja inflexibilidad de los mandos japoneses para defender posiciones. El 7º de caballería ligera persiguió a las tropas japonesas hasta Talingon, donde combatieron durante 10 días. Los tanques Stuart y la infantería de apoyo arrollaban las posiciones japonesas y en la noche, esas mismas posiciones eran nuevamente ocupadas. Los tanquistas aprendieron (memorizaron) la geografía de esas posiciones y la batalla se convirtió en un polígono de tiro y un trámite hacia la exterminación masiva de los japoneses.

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La mamá de Leia Skywalker es la comandante James Mc Govern y me odia. Estuvimos casados 4 años. La amé sinceramente pero también fui incapaz de entender la dinámica de un matrimonio. Fui egoísta con espacios y tiempos; esa incapacidad atormenta mis días.

Nos reunimos a fines administrativos; pero sé que solo vengo para medir fuerzas. Huyo de esa propuesta desigual en la que me acorralan los reproches; (algunos de ellos serán justos). Alguna vez opuse una resistencia nipona. Me atacaba y yo estaba ahí. Obedeciendo ciegamente el impulso de resistir. Ahora sé que es mejor la retirada; la toma de posiciones atrasadas que sostengo hasta que son indefendibles. Es la mejor pelea que puedo dar. Le dejo a la comandante Mc Govern terreno inconquistable y ahora nos separan páramos de indiferencia. No está bien eso. Los padres de una nena maravillosa deberían entenderse maravillosamente.

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Como la caballería, de esa circunstancia me rescata la doctora Silvana que ya aprendió a rodearme con las piernas para consolarme. Me da besos en las mejillas y en el cuello y vamos al cine a ver películas de superhéroes y me despierta en las mañanas apretando su sexo contra cualquier parte de mi cuerpo y me seduce con sus olores que a ella le parecen invasivos y a mi me parecen el inicio de todo.

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