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La carga de la brigada ligera, de Tennyson


“¡Adelante, Brigada Ligera!”
“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.
En el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.

“¡Adelante, Brigada Ligera!”
¿Algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
que era un desatino.
No estaban allí para replicar.
No estaban allí para razonar.
No estaban sino para vencer o morir.
En el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.

Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones ante sí
descargaron y tronaron.
Azotados por balas y metralla,
cabalgaron con audacia
hacia las fauces de la Muerte,
hacia la boca del Infierno
cabalgaron los seiscientos.

Brillaron sus sables desnudos,
destellearon al girar en el aire
para golpear a los artilleros,
cargando contra un ejército,
que asombró al mundo entero:

zambulléndose en el humo de las baterías
cruzaron las líneas.
Cosacos y rusos
retrocedieron ante el tajo de los sables.
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no,
no los seiscientos.

Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones detrás de sí
descargaron y tronaron.
Azotados por balas y metralla,
mientras caballo y héroe caían,
los que tan bien habían luchado
entre las fauces de la Muerte
volvieron de la boca del Infierno.
Todo lo que de ellos quedó,
lo que quedó de los seiscientos.

¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
a los nobles seiscientos!”

Sueño

 

Cuando era chico tenía una batata que se llamaba Flora. Yo le decía Genia, porque entendía todo. Se la pasaba acostada y cada vez que te miraba, tenía unos ojos acuosos y plácidos, te miraba con cara de realizada, cara de yo no tengo que ir a la escuela y nunca voy a hacer todo lo que tengas que hacer y todavía ni te imaginás, cuando termines la escuela. Yo la envidiaba pero la llenaba de mimos a la gorda, cada vez que la veía: la agarraba despatarrada en cualquier tramo de la estufa al patio y le acariciaba despacio la parte de abajo de la panza, rosada y tibia, y ella movía la cola lento, me tocaba apenas la rodilla. La panzotota no la tuvo siempre, le quedó de la vez que perdió el embarazo. Yo pensaba que le habían quedado adentro, en serio, porque quedó hecha una batata al plomo con panceta y queso crema, y por esa época más o menos yo era rubio y me teñí de negro, y después de eso ya fui castaño. Me pasaban seguido este tipo de magias.

oso

En el sueño yo tenía frío como ahora y la gorda estaba acostada en mi cama. Nos abrazábamos, me envolvía con sus patitas de Tiranosaurio Rex y una oreja de elefante me cubría un hombro. Yo le masajeaba una parte de atrás de la oreja que le hacía cerrar los ojos un segundo, dos, y me lamía, era nuestra caricia secreta. Entonces de tanto silencio sentí una incomodidad leve, sentí que tenía que decir o reafirmar algo, pero al mover la boca las palabras no me salieron, me faltaba volumen. La miré asustado, pero ella estaba con su cara de siempre: ya sabía que la quería, sabía que quería morderle cariñosamente la piel que le sobraba por todos lados y más abrazarla y más morderla, y se me abatató en el hombro y me respiró despacio, calentito, con esto me alcanza. Me acurruqué con ella pensando que quizás siempre podía hablarme la muy atorrante, pero elegía no hacerlo, y ahí nomás se quedó dormida, entendiendo todo, roncando un poquito.

 

Lucas Giayetto

Septiembre

I was beat

Incomplete

I’d been had, I was sad and blue

But you made me feel

Yeah, you made me feel

Shiny and new

 

Lunes

Son las 7 y Audrey Herpburn hace rato que está despierta y lucha con mi oreja izquierda. Me llega un Whatsapp de Bárbara. Hace rato que no hablamos.

_Salvador…

_What?

_ Necesito hablar con vos…

_ ¿Pasa algo?

_ Si, pasa; ¿nos podemos ver?

_ Uh esto es heavy. Adelantame algo

_ Me mudo

_ Ahja….; ¿Necesitás que te ayude con las cosas pesadas?

_ Me mudo a otro país.

_ Ahja. Y me avisás a las 7 de la mañana porque te vas ya?

_ Porque sos importante en mi vida, pedazo de pajero.

_ Ah…

Paso después, ¿te parece?

_ Dale.
chew4

Inicio mi día dándole clases a un grupo de adolescentes indolentes. Los abrumo, premeditadamente, en un intento de que reaccionen. Mi esperanza es que un día hagan una conexión de algo de lo que les enseño con algún suceso de su vida.

A las 11 voy al estudio; Alicia me dice _ Buen día licenciado: lo están esperando…

_ Bien. ¿Qué tenemos para hoy?

_ Un hombre que quiere escribirle a su madre muerta. Una mujer que le quiere decir a su esposo que está enamorada de su mejor amiga y un señor mayor que quiere escribir su testamento. Están los detalles en su escritorio y los contactos de cada uno por cualquier consulta.

_ Bien; va a ser un día tranquilo _

_ ¿Quien me espera?

_ La señorita Bárbara.

_ ¿…?

_ Así me dijo. Y que ustedes se quieren mucho. ¿Llamo a la policía?

_ No, no… Está bien.  _

_ Nunca me habló de Bárbara.

_ No… es complicado. Después te cuento.

_ Siempre es complicado Salvador.

_ Siempre.

Entro a mi escritorio y Barbi está chusmeando la biblioteca y toca la maqueta de un Panzer IV con la punta del dedo. Está de jeans y botas, como me gusta a mí.

_ No hagas cagadas pendeja.

_ Boludo, me asustaste. ¿Porqué nunca me invitaste a tu estudio?

_ Será porque no sos mi clienta. Pensé que ibas a pasar por casa ¿Cómo estás?

_ Hasta la pija, ya te dije.

_ ¿Emocionalmente?

_ Aterrada.

_ Es normal. ¿Qué te preocupa?

_ No ser feliz.

_ ¿A donde te vas exactamente? _

_ San Pablo.

_ Ok… no es mi ciudad preferida, pero podría ser peor. De qué tenés miedo.

_ De no ser feliz.

_ Los dos sabemos que ser feliz es inconstante. Como las mareas.

_ No lo estoy pensando ahora. Esto viene de hace rato y vos lo sabés.

– ¿El está contento?

_ Lo mandan allá por su problema. La familia no lo aguanta más.

_ Nunca me contaste porqué lo aguantás.

_ Decime que no vas a desaparecer de mi vida.

_ No voy a desaparecer de tu vida.

_ ¿En serio?_

_ En serio _

Bárbara me abraza y me dá un beso de los de ella; de los violentos, pero sin la lengua. Cuando se va, me quedo apoyado en el marco de la puerta viendo por donde salió.

_ Esa chica está enamorada de usted.

_ Don´t be ridiculous.

Alicia se acerca con una taza en la mano y me la apoya en el estómago quemándome. Es una de las formas en que me tortura.

_ Escúcheme, que yo sea lesbiana no implica que haya perdido mi sensibilidad femenina.

_ No te enojes.

_ ¿Usted está enamorado?

_ No lo sé.

_ No sea pelotudo Salvador.

_ Sí, estoy enamorado de Bárbara.

Alicia abrió los ojos enormes y la mandíbula se le desencajó y le cayó hasta los pies. Teatralizó un desequilibrio momentáneo y la recuperación gradual de la compostura.

_ Sos una exagerada.

_ Salvador ¿hace cuanto que lo conozco?

_ Más de 10 años.

_ ¿Cuántas veces le pregunté si estaba enamorado de alguna de las chicas con las que salía?

_ 1000 veces. Es un número exagerado, pero los dos sabemos que fueron muchas.

_ ¿Cuantas veces me dijo que estaba enamorado?

_ Nunca _

_ Bien… ¿y qué va a hacer al respecto?

_ Absolutamente nada.

_  ¿Porqué me hace enojar Salvador?

_ Alicia, ¿parezco alguien con un plan?

_ No necesita un plan. Necesita amar a alguien de una vez por todas.

_ Soy como un perro que le ladra a los autos. Si lo alcanzara no sabría qué hacer.

_ ¿Va a seguir parafraseando al Joker?

_ Ella está casada.

_ Ahja. Pero lo ama a usted. Una institución arcaica no debería ser un obstáculo entre ustedes.

_ Se va a mudar a San Pablo.

_ Váyasé a la mierda Salvador. Muérase solo. Volvamos al trabajo.

_ Sí mejor.

 

Madre: cometiste la imprudencia de morirte en la peor parte de nuestra relación madre/hijo. No importa porque no recuerdo nada de eso. Recuerdo tu risa cuando los demás te lloran y no parece importar nada más. Me dejaste una sonrisa y buenas recetas; que es lo que hacen las buenas madres.

Hice malfattis y quedaron buenísimos. Le faltó un poco de nuez moscada para mi gusto, pero estaban buenos. Quería que lo supieras. Ya voy a encarar el Lemon pie. No te preocupes.

Hubiese estado bueno seguir cocinando juntos Ma.

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Querido Oscar: lo peor de todo es la chupada de concha. Primero creía que me hice lesbiana porque nunca me chupaste la concha, y a Andrea le encanta chuparme la concha. Si no la amara me preguntaría si  formalmente no fue tu ineficiencia la que me empujó a la homosexualidad; pero no. Tranqui: solo soy gay.

Me diste un par de buenos años y unos hijos hermosos. No te odio por las infidelidades; solo te detesto porque alguna vez me expresaste desprecio. Sé que vas a estar bien.

Hasta nunca.

 

Marta.

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_ Alicia, acá hay un error.

_ ¿El señor del testamento?

_ Ese. Solo quiere que ponga “Váyansé a la concha de la lora”. Literalmente.

_ ¿Lo comunico?

_ Dale.

 

El sr. Bustamente.

_ Hola…

_ Buen día; ¿Señor Bustamante?

_ Eddo Bustamante habla…

_ Salvador Kozietulski, del Bureau de comunicación.

_ Ah sí,  cómo le va sr. Kozietulski.

_ Mire, tengo una problemita: no entiendo para qué me contrató. Usted solo quiere que ponga en su testamento “Váyansé a la concha de la lora”

_ Si, claro. ¿Y cuál sería el problema?

_ Bueno, no es exactamente un problema; es más bien un dilema. Siento que no puedo cobrarle por esto.

_ Señor Kozietulski. Yo gasto mi dinero como quiero.

_ Entiendo.

_ Le voy a pagar el doble, por entenderme.

_ Asumo que no puedo contradecirlo.

_ No. Y le voy a pagar el triple por no hacerlo.

_ Hay formas más interesantes de gastar dinero sr. Bustamante antes que en un mal escritor.

_ Llámeme Eddo. El tema es que tengo mucho dinero y no tanto tiempo. Si tiene alguna idea, lo escucho.

_ Hay un lugar en la calle Mountbatten. Asisten a chicos y jóvenes con problemas de violencia en el hogar. Envíe mi cheque ahí. Mi asistente le enviará por mail los detalles.

_ Hagamos una cosa Salvador. Yo voy a mandar un cheque a la Calle Mountbatten pero también le voy a pagar a usted y le voy a pagar cinco veces lo convenido.

_ ….

_ ¿Sr. Kozietulski?

_ Hasta luego Sr. Bustamante. Que tenga un buen día.

 

Lunes a la tarde

Leia rebel scum

Al llegar a casa encuentro a Leia Skywalker en patas en el sofá con Audrey Herpburn acurrucada sobre su cuello.

_ Soy tu hija, ¿no pensabas decirme que tenés un gato?

_ Hola hijita. Hola papi, te extrañaba mucho, que bueno que llegaste. Muah, Muah, Muah.

_ Hola papá. Hace cuanto la tenés?

_ Desde ayer. Se llama Audrey Herpburn.

_ Ese nombre se lo puso Alicia. Vos le hubieses puesto algo como Vengadora del infierno o Ninja fantástico. ¿De dónde la sacaste?

_  No la saqué de ningún lado. Apareció en el estudio.¿Qué querés comer?

_ Hacé sandwich violento.

_ ¿Con huevo?

_ Y roquefort.

_ Perfecto. Andá a comprar panceta.

_ No puedo. Se va a despertar Audrey Herburn.

_ No se despierta con nada. Dejala en la cama y andá, pendeja del orto.

_¿Porqué me odiás papá?

_ Que piña te voy a dar.

 

Martes

_ Buen día Alicia.

_ Buen día Salvador. Lo está esperando el señor Bustamante. Me pagó con un cheque por una cifra ridículamente enorme; me dijo que usted ya sabe. Le dejé media docena de encargos en el escritorio. Y llamaron de la Fundación de asistencia al neurótico con compulsión a la soledad; preguntan si va a asistir a la cena anual.

_ ¿Me alcanzás un par de cafés?

_ Compré brownies.

_ Te amo.

_ Mire lo fácil que me lo dice..

Entro a mi escritorio y el sr. Bustamante está sentado hojeando un libro sobre la batalla de Leipzig y sin mirarme dice _ Liebertwolwitz; el mayor combate de caballería de la historia. La napoleónica fue una era maravillosa.

_ Cierto. Veo que es un conocedor…

_ Un aficionado apenas.

_ ¿Qué lo trae por acá Sr. Bustamante?

_ Temí ser un poco brusco ayer y quería disculparme. Dígame Eddo, por favor.

_ No se preocupe Eddo. Toma un café ¿verdad?

_ Como no. Le agradezco.

_ Me va a explicar o vamos a hablar sobre la avidez de Murat por las cargas de ruptura?

_ ¿Usted gana bien haciendo esto Salvador?

_ Lo suficiente para ser feliz.

_ ¿Cuanto gana? Disculpe si lo incomodo.

_ No mucho. Me quedan algunos billetes después de pagarle a Alicia y el alguiler de este lugar.

_ Me imaginaba. ¿Porqué lo hace?

_ ¿Cómo porqué lo hago? Esto es lo que soy. Yo escribo. Además soy docente.

_ Historia, supongo.

_ Literatura. La historia es apenas una afición que me acosa. No me está explicando nada Eddo.

_ A eso voy, créame.

_ ¿Debo entender que odia a su familia?

_ En absoluto. Los amo a todos y cada uno.

_ ¿Entonces porqué se está gastando todo su dinero y les dice “que se vayan a la concha de la lora” en el testamento?

_ Usted es un ejemplo. Usted no gana una mierda Salvador, pero ya lo entendió. Sabe que no necesita mucho. Se detiene donde se tiene que detener- arrugué el ceño, porque seguía sin entender.

_ Lo de la felicidad es un tema tan subjetivo como efímero, usted debe saberlo. Mi secretaria cree que soy profundamente infeliz. Es una romántica.

_ Mire, así me gustaría morir _  Eddo me muestra una lámina doble página de una carga de coraceros de Detaille del libro que sigue hojeando distraídamente mientras charla conmigo, todavía sin explicarme nada. _ Soy un hombre simple, Señor Kozietulski. Hice dinero como comerciante; empecé vendiendo azúcar en el sur. Yo solo, en una camioneta desvencijada, después en un camioncito. En algún momento me convertí en un hombre rico. Conocí muchas soledades pero también mucha felicidad pequeña y eso es con lo que se hace una vida interesante.

_ Usted quiere que sus nietos tengan una vida interesante.

_ ¿Le parece que estoy equivocado?

_ Lo puedo entender perfectamente pero no sé si funcione como método. La felicidad es un concepto asustadizo.

_ ¿Pero lo entiende verdad? Yo sé que usted lo entiende. Lo puedo ver en sus libros. Por eso le pagué lo que le pagué. Y le pido por favor. Disfrute de ese dinero. Ya hice una colaboración al hogar de la calle Mountbatten.

_ Le agradezco.

_ ¿Usted no sabe quién soy yo?

_ ¿Un cliente excéntrico?

_ Soy el abuelo de Bárbara.

 

Miércoles

gl

La apatía es una cualidad general en la adolescencia y como profesor de literatura debato con esa figura la mayor parte del tiempo; Cada tanto se produce una victoria mínima que me permite reagrupar las tropas y seguir luchando. Camila de 13 o 14 y a quien jamás le importó nada, se interesó en el libro que propuse; se sentó a mi lado en el escritorio y leyó tres capítulos de “Kryptonita”. En un momento me miró con esa cara chiquita que tiene y  que  cuando me responde con una irreverencia me dan ganas de extinguir a cachetazos y me dice “¡¡¡Está re bueno!!!”. No va a leer mucho más que eso, pero ese solo gesto me da una esperanza infinita. Debería dedicarme a otra cosa.

 

Miércoles por la tarde

Charla de whatsapp con B

_ Sacame una duda; vos le hablaste a tu abuelo de mí?

_ Puede ser… ¿Por?

_ Es cliente mío y parece conocerme bien.

_ Ese viejo metiche.

_ Es un tipo raro, pero interesante.

_ Ligeramente excéntrico…

_ Eso.

_ ¿A qué fue?

_ Necesitaba un trabajo. Su testamento.

_ No me digas eso, la concha de la lora.

_ No está por morirse ni nada. Es solo que sabe que ha vivido. ¿Ustedes son muy cercanos?

_ Mucho. Imaginate que le hablé de vos. En realidad me sorprende que no haya venido antes porque es muy chusma.

_ Porqué le hablaste a tu abuelo de mí?

_ Ya te dije;  somos muy unidos.

_ No era lo que preguntaba, pero bueno.

_ También ya te lo dije. Sos importante en mi vida. Salvador, sabés que sos un pelotudo, no?

_ Estoy escuchando eso bastante seguido.

_ Vos tenés esa tendencia hija de puta de suponer que no le importás a los demás y eso es muy de pajero egoísta porque al final terminás en que en realidad a vos no te importa nadie.

_ No te enojes.

_ Me enojo todo lo que se me canta el orto. Voy para allá y te cago a trompadas imbécil.

_ Tengo frutillas maceradas en jugo de naranja y crema recién batida.

_ Te torturo salvajemente; me como las frutillas y después te cojo.

ahja

 

Jueves a la mañana

Es un día tranquilo.

No es el día; Yo soy el que está tranquilo. No estoy concentrado para trabajar y apenas bosquejo algunas ideas; pero eso no me atormenta. Bárbara se va a otro país y tengo una sensación de vacío pero también de alivio. De fondo tengo “A Charge To Keep I Have” por el reverendo Timothy Fleming, que funciona siempre como augurio de algo. Por whatsapp, Alicia me avisa que hay alguien esperándome. A la vez se abre la puerta y entra Bárbara. Tiene un vestido oscuro corto, chatitas coral y una campera de hilo de color claro. Como siempre, está hermosísima. Tiene en la cara algo que nunca  le vi y creo que es tristeza; la he visto alegre, eufórica, furiosa e incluso melancólica; pero nunca le vi esa clase de tristeza y por un milisegundo me perplejiza. Se sienta frente a mí dejando la cartera que le hace juego con los zapatos el el silloncito que uso para leer. Cuando la conocí despreciaba u olvidaba esos detalles de elegancia.

_ Hola sr. Kozietulski.

_ ¿? _ La miro con desconcierto.

_ Así te dice mi abuelo.

_ Me sigue diciendo Sr. Kozietulski aunque me exige que le diga Eddo. Hemos forjado una pequeña amistad.

_ Me dijo. Dice que le gusta tomar un café con vos y charlar un rato. Perdonálo; es un señor solitario.

_ Es una de las pocas personas interesantes que conozco. Nunca me contaste que tu abuelo fue soldado.

_ No porque no lo sabía. Y me hincha bastante las pelotas que vos sepas y yo no.

_ En Rodhesia en los 70´s. Mercenario más bien. No le digas que te dije. No te sientas mal; lo recuerda con cierto dolor y sin orgullo.

_ Salvador…

_ Bárbara.

_ Me voy.

_ Recién llegás. ¿Tomás un café?

_ Me voy a San Pablo, boludo. Si quiero.

Le pregunto a Alicia por whatsapp si hay café. Me contesta entrando por la puerta con una bandeja con scons que deja sobre el escritorio. No me mira. La mira a Bárbara y en la mirada hay un gesto sutil; un código femenino que a los hombres nos es inaccesible.

-Hijita vos querés earl grey, verdad?

_ Si Ali, gracias.

_ Te lo traigo en un minuto.

 

Miércoles a la tarde

_ Hola…

_ Hola hijita. Vení pasá. Salvador no está pero si querés lo podés esperar.

_ Sí, sé que no está. Tiene clases a esta hora. Quería hablar con vos.

_ ¿Te puedo ayudar en algo?

_ ¿Vos lo conocés bien a Salvador?

_ A veces creo que sí y otras veces sale con cosas que me desconciertan, pero se puede decir que lo conozco más que la mayoría. ¿Por?

_ ¿A vos te parece que le pasa algo conmigo?

_ Mirá; eso es algo que le tenés que preguntar o entenderlo vos misma. Vos lo debés tener claro aunque yo sé que es difícil descifrarlo porque básicamente es un pelotudo al que le rompieron el corazón y que encima se pone en una cosa de héroe solitario o no sé qué mierda de estoicismo. Hay algo de que ustedes se llevan algunos años y alguna cosa absurda de que él no puede hacer feliz a nadie. Por lo que me ha comentado a la pasada.

_ Es un pelotudazo, no?

_ Ufff, si te contara.

_ El tema es que yo también soy una boluda.

_ Bueno… ya que lo decís.

_ Yo debería quedarme sola y dejarme de joder.

 

Miércoles a la noche, con el Galáctico

Sumergimos unas papas rústicas en salsa picante, alternadamente, pero con la vehemencia de dos hombres que han llegado a las 10.20 de la noche con la destrucción en el cuerpo de un día tuareg y presiones ilusorias pero inmediatas. Melissa, la chef y Micaela nos traen un sandwich de pollo crispy perfecto. Hablamos de ser viejos, pero viejos de verdad; no esta primera edición de la vejez en la que somos canosos  pero tenemos ganas de conquistar el mundo sino a la vejez final en que necesitemos ayuda hasta para cambiar un foco y sea preferible la muerte. Cada vez que hablamos concluímos en que nos vamos a quedar solos. Hacemos cuentas; agregamos y sacamos y nos da siempre lo mismo: estamos buscando algo que no hay; así que nos vamos a quedar irremediablemente solos. Vamos a tener libros, películas y videojuegos en mi caso; ( el Galáctico desconoce y aborrece esa dimensión), seguramente un gato, un perro o ambos. Pero nos vamos a quedar solos porque estamos viejos, pero también estamos sabios y conocemos los lugares en los que no queremos estar; que son más que los que queremos. Solo queremos darle la vuelta a Vietnam en moto y ver los atardeceres después de un día devastador; Otra cosa sería excesiva o innecesaria. We´ve been there. Ahora queremos decir que vamos a conquistar el mundo, pero en realidad queremos levantar minitas; porque la mujer que queremos no existe y si existe, no nos da bola…

morocha2

Jueves a la mañana

_ Quiero que me digas si me amás.

_ Ahja… estuviste hablando con Alicia.

_ No te importa.

_ ¿Para qué querés que te diga si te amo?

_ Para ver si me voy a San Pablo o no.

_ Y vos vas a decidir tu destino en base a que yo te ame o no?

_ Sí. Ya te dije que sos importante.

_ No te amo. Date más importancia vos y todo va a salir mejor.

_ Sos un imbécil Salvador; no te podés el orto de tan imbécil que sos. – lo dijo casi sin expresión; sin enojo y en un tono monocorde y agresivísimo; como para que me quede claro. Para no aturdirme.  Se levantó, arrebató la cartera del silloncito salió por la puerta, le dio un beso a Alicia y no la volví a ver. No escuchó ni entendió lo que le dije. Notoriamente.

_ Alicia… solo un café.
salto 2

Junio

En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:-Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.

Temor de la cólera

Ah’med el Qalyubi

Llevo meses sin ver a Bárbara. Seis. Hablamos y nos mandamos mensajes de whatsapp pero no nos vemos. Ella está inmersa en la dinámica de su matrimonio y parte de esa dinámica incluye huír de esa dinámica y se conscribe en actividades auxiliares como dibujo, inglés, un orfanato de mascotas, yoga, teatro y la finalización de sus estudios. La extraño a horrores. No extraño el sexo descalabrado sino la concreción de ese debate físico en el que hablábamos de cosas absurdas con total seriedad y veíamos documentales sobre leones del desierto, sabiendo que los dos veíamos y sentíamos lo mismo.Bueno, el sexo también. Sin darme cuenta, le dí un espacio en mi vida y ahora hay un hueco en el que todo cae y significa nada.

Para huir de esa dinámica me conscribí en actividades auxiliares como buceo, teatro, box, la docencia y una observación más profunda de la lectura; tan profunda que por momentos dejaba de ser recreativa.

A box va Bernardita, 23 años, delicada, suave, llena de músculos estilizados y cuando se sube al ring se convierte en una máquina de pegar piñas. Bernardita me llama con diminutivos, me da besos en el cachete y se ríe de mi humor ácido, cuando lo entiende. Yo me dejo, como se deja acariciar un perro viejo; Su novio, Juan Carlos,  un metalúrgico, ex boxeador, futbolista y creo también, ex piloto de carreras. Me cuenta, así como un secreto, que se cogió a todas las del gimnasio; “porque Dios me dió una cosa así y las minas se cuentan, ¿viste?” y hace una señal con la mano en la que cabría el amortiguador de una camioneta. Yo lo miro como si estuviera interesado; pero sé que se me nota que me parece un simio. Hace esfuerzos para que me caiga bien y ese esfuerzo abunda mi impresión. Saber que pone sus manos en Bernardita es como encontrar un murciélago en el pino de navidad.

En el principio del verano nos enteramos que Juan Carlos tuvo un accidente de trabajo. Una herida leve en la oreja. La herida se infectó, la oreja completa tuvo que ser amputada y parte de la audición quedó comprometida. Pensé que era yo solo, pero la impresión general era de “Y viste que el boludo este se cree que se las sabe todas”. Un día Juan Carlos apareció con Bernardita de la mano. Si antes se podía reconocer alguna clase de atractivo animal en  JC, había desaparecido con la oreja amputada. Parecía que en realidad le habían cortado un pedazo de chota.  Contó como el disco de la amoladora se rompió y un pedazo le cercenó un extremo pequeño de oreja. La guapeó y siguió trabajando y ni la máscara se puso. Cuando llegó a su casa arregló todo con una gasa y tela adhesiva. A lo macho.

_ Es que no hay que darle máquinas peligrosas a cualquier chimpancé…_ Dije yo, sin que se me mueva un músculo. Y todos se me quedaron mirando, porque en realidad me lo dije a mí mismo, pero debo haber estado distraído y lo dije en voz alta.

El penoso y desvergonzado relato del avance de la infección hasta la mutilación final continuó sin que pudiera encontrar nada para evadirlo. El grupo rodea a Juan Carlos mostrando interés y pena pero mi comentario había roto la tela que separa la admiración y el desprecio.  Yo le miraba la cara a Bernadita y ella me miraba como diciendo “Y si… un poco entendí, pero ya estoy metida en esta y estoy hasta la pija”.

El relato se diluyó y el grupo se separó hacia las actividades del día. Mientras termino de vendarme las manos para hacer bolsa, Juan Carlos me grita desde la otra punta. _ “Salvador!!!, vamo`a guantear?; dale puto”

Lo miré con comprensión. Está bien Juan Carlos. Estuve mal. Te toca sacarme la mierda. La miro a Bernardita y me parece que tiene un poco de vergüenza.

Hice un gesto con el brazo como diciendo, “vamos”. Lo entendí les juro que lo entendí.

Entramos al cuadrilátero y el coach me dijo, _ “Cuidado con la oreja; no muy fuerte”. Lo miré como diciendo “Soy el mejor de los hombres en este pedazo de planeta Coach”.

Yo no sé boxear. Sé poner las manos en guardia y apuntar algún que otro golpe pero no sé prever movimientos. No sé navegar el espacio. “Cintura” es un concepto táctico desconocido para mí. Juan Carlos sabe todo eso, pero le falta una oreja.

Dos rounds. Inicio el tema, más para apurarlo y terminarlo que por otra cosa. Me abalanzo y Juan Carlos me pone las cosas en claro con una piña bien dada en la nariz. Ok… entendí. Yo tiro unas piñas mal dadas; Juan Carlos me tira un cross clarísimo que me sacude todo. “Dios mío, que buena piña”, me digo a mí mismo. Esta pelea no es una pelea. Es una catarsis. Juan Carlos es un dios malévolo al que enfrento para expiar mi soledad y mi sardonismo. Un dios con una sola oreja que me mira sin comprenderme, movilizado por la venganza. Juan Carlos es todo lo que necesito. Mostrame tu dolor Juan Carlos. Te falta una oreja. Ok… A mi me falta el corazón. La miré a Bernardita y Juan Carlos se distrajo porque vio que la miré y yo aproveché. Jab y derechazo al lugar donde estaba la oreja: soy un hijo de puta. Tomá, dios pijón del orto. Ahora JC no se ahorra nada. Entra una piña al hígado que es el infierno. Con esa estoy terminado. Me caen dos trompadas más: un cross y un gancho que son un lujo. Yo caigo sin gracia. Me levanto y el coach me dice _“La cortamos acá Salvador, listo”. Yo lo miro sin poder respirar. Hace rato que no tengo aire. Solo tengo el motor de la desesperanza. Me levanto y sonrío. “Dale JC: mostrame tu dolor”_, pienso _ “Yo te muestro el mío”. Tiré una última piña que no importó. Me desperté en el suelo. El coach está pidiendo una ambulancia por teléfono. Bernardita está arrodillada al lado mío con cara de preocupada. Tiene su mano en mi frente. En el fondo está Juan Carlos, sentado en un banco de madera sacándose los guantes. Cuando llegan los de la ambulancia ya estoy en mí. El más joven me dice que no pasa nada pero que me haga una ecografía por las dudas. El más viejo me dice que me deje de joder y que me tome las cosas con calma. Bernardita se está yendo con JC, se suelta de la mano del chimpancé y corre a darme un beso en la mejilla; esos besos de ella. _“Sos alucinante Salvador” me dice. Y corre de vuelta con el simio.

kovalsky

Nico y Motherfucker Jones (ejercicio de casting)

En el inestable verano del 15, Nico y yo fatigábamos el oro en la estepa. Habíamos llegado en logísticas separadas pero compartíamos  la fogata nocturna, el relato detallado de lo que haríamos al volver, y discretamente, alguna experiencia sobre cómo horadar el alma de la tierra además de la noción inmediata de que estábamos lejos de todo. El scout de Nico había dejado el camp site luego de una infección en un dedo del pie que no se detenía con los antibióticos. Regresaría a sacarlo de ahí al sanar. Mi excavador había muerto de botulismo

En la mañana del 18 de enero Nico encontró una pepita que era un milagro. Tenía el tamaño del puño de un bebé y brillaba bajo el sol como si todo el barro y la mugre de la que salía no le importaran. Nico me la mostró con gesto serio esa misma noche. Siguió excavando más para pasar el tiempo hasta que volviera su scout que para encontrar más oro. Yo perseveraba.

Después de tres meses me presenté hacia el mediodía en su yacimiento. Me paré en la montaña de tierra que se había formado y clavé mi pala al costado, con cierto gesto.

_ Nick… como estás?

_ Motherfucker Jones… Bien. ¿Vos? Qué hacés por acá?

_ hhhhmmmm; estaba pensando

_ …

_ Tu scout no vuelve.

_ Nop.

_ Debe estar muerto.

_ Es muy probable.

_ Nadie más que él sabía dónde estás.

_ No. (a dónde querés llegar?)

_ Nico, querés el mundo de vuelta?

_ No me vas a quitar la piedra Motherfucker.

_ No te la voy quitar.

_ En serio Motherfucker. _ Nicolás dejó la herramienta en el piso y tomó el winchester que estaba a su lado.

_ No hace falta Nicolás. No te voy a quitar la piedra. Me la vas a dar.

Nicolás hizo el movimiento de palanca que intoduce un cartucho en la recámara.

_ Nicolás… yo sé que te imaginaste un mundo mejor. Un mundo en el que la piedra va a solucionar todos tus problemas; pero lo cierto es que ese mundo no está a tu alcance.

_ Sos un hijo de puta.

_ Podemos tomar eso como una redundancia. Estamos acá hace un año; en el medio del desierto, matándonos para conseguir una vida mejor. Para que nuestro mundo sea mejor. Y vos Nicolás conseguiste esa piedra de oro que es alucinante. La conseguiste con tu fuerza física y con tu fuerza de voluntad. Pero, Nicolás… tu scout no vuelve. Y de los dos, el que sabe como volver al mundo, soy yo. Vos tuviste la fuerza para encontrar la piedra. Yo tengo el conocimiento para volver al mundo y lo único que hay entre el mundo y vos, soy yo._

Nicolás bajó el Winchester.

_ Nico te estoy ofreciendo el mundo. ¿Qué no darías por volver a tener el mundo?

Algo brilló en el aire y Motherfucker Jones lo atrapó, sin inmutarse.

Morir valientemente.

Un hombre debe ser capaz de cambiar pañales, planear una invasión, carnear un cerdo, gobernar un barco, diseñar un edificio, escribir un soneto, reducir una fractura, consolar a los moribundos, recibir órdenes, dar órdenes, resolver ecuaciones, abonar la tierra con estiércol, programar una computadora, cocinar una comida sabrosa, combatir con eficiencia, morir con gallardía.La especialización es para los insectos.

Robert Heinlein

 

Leia Skywalker va a box conmigo: esa circunstancia mínima y temporal acentúa también el abismo entre nosotros: me sabe alucinante y abomina de mí. En una  tarde desmadrada del verano del ´15 una tormenta nos conminó a trotar en el gimnasio y a mí ese claustro me fue insuficiente y agónico. “Vamos a correr abajo de la lluvia, pendeja maricona” le dije más para inquietarla que para motivarla ; “Andá vos cagón, que te hacés el grosso” me  dijo ella para ponerme en mi lugar. Me saqué la remera para que no se moje, pero era el gesto desafiante que todos creen que es; (y ridículo a los 45). Corrí por la San Juan en el aire tibio y el ruido de los truenos. En el Changomás la gente se refugiaba bajo la estructura, temerosa y yo corría como un semidiós, sudado y mojado. Sentí que brillaba, solo y temeroso pero valiente, como cuando se huye de un dolor extenso.

Volví chapoteando en los charcos más grandes de la calle:  “Sos un fantasma” me dijo Skywalker con el gesto de fastidio que podría poner su mamá. Y tiene razón.

Ayer también llovía; incluso el aire era cortante y hostil. Me saqué la remera y Leia Skywalker salió conmigo, casi sin decir nada. También vinieron Fesca y los Ninjas (shuriken required). Los relámpagos corrían transversalmente en el cielo oscuro y yo que me pongo místico me digo que estoy cumpliendo mi destino (que es tan bueno como cualquier otro).

Solo resta morir valientemente.