Archivo de la categoría: Hombres de acción

Breve, sobre Gotham (porque no me da para más)

 

No me da a más a mi, que a veces me meto a escribir sobre cosas que no sé, porque la serie está buenísima y da para mucho. Un amigo prejuicioso descartó a Gotham porque la televisa Fox. Y tiene algo de razón; La Fox involucrada en esto es como si mis abuelos se dedicaran a promover el matrimonio gay.

Con ese pesar “Gotham” es maravillosa. Empezó algo confusa, sí; las buenas ideas al principio lo son (incluso absurdas y Gotham lo habrá sido al principio) pero conserva una coherencia de policial negro que incluye a señores de la mafia y villanos batmánicos en ciernes (el más estridente es el Pinguino). Bruce es un niño con rasgos psicopáticos, luego que sus padres mueran frente a él en crime alley. El héroe del día es el comisionado Gordon (Ben McKenzie): un policía que lucha por mantenerse incólume en la corrupción del Gotham Police Department y a veces apenas lo logra.  Me aqueja prolongarme porque me conmovió a este texto, la perla en bruto del programa. El personaje es un perogrullo pero la perspectiva es novedosa. Alfred J. Penyworth (Interpretado por el maravilloso Sean Pertwee), no es el hombre mayor cuyo sarcasmo e ironía rodea los días del hombre murciélago mientras pule los batarangs. Es un hombre joven pero experimentado, devenido en dictador benévolo; educando a través del ejemplo didáctico pero también del castigo físico. Es difícil no amarlo.

Alfred promueve al joven Bruce a la experimentación del coraje; Al regodeo en las hosquedades de la venganza y a la búsqueda final de justicia. Es el primero que lo prepara para pelear, pero también para ser un táctico. Es por momentos confuso; una mezcla de señor Myagi y R`as al Ghul didáctico y perverso. Puede que el personaje en sí esté todavía en formación y los creativos no encuentren el sendero por el que llevarlo. No lamento ser testigo de  esa búsqueda.

Ayer vi a Alfred animar a Bruce a deformarle la cara a trompadas de su compañero de escuela luego que  este se burlara de su madre fallecida. Si no lo hace será castigado. Cuando lo hace, salvajemente y apenas con compasión, Alfred lo compensa permitiéndole comer pizza en la cena. “Una elección maravillosa”; le dice mientras le limpia la sangre del forrito que quedó en el suelo llorando. Les dije; es un poco confuso; pero también un concepto complejamente seductor. Un giro a la perversión de menores en justicieros oscuros que explica con fluidez la rigidez que Batman tiene con sus pupilos. Vean Gotham.

barmur

La próxima escribo algo de Flash que también está buenísimo.

 

Una libélula azul

Julien Mnombeke Zeze Zhibebu es primero que nada un prínicipe y le fue revelado su destino por una metáfora sutil en los labios de una mujer que amó secretamente. Esa mujer le enseñó un idioma extraño que él quiso aprender para leer a un solo autor que nació a orillas del Río de la Plata, pero que era universal. Una tarde, una libélula azul entró al cuarto donde discutían las posibilidades literarias de las Kenningar. Julien Zhibebu señaló que era su insecto preferido y ella señaló dos cosas: que también le gustaban junto con las vaquitas de San Antonio y que ese insecto azul y volador probablemente era la reencarnación de un pitufo. Esa chanza inocente, casi de niño, lo iluminó. Entendió que eso era su alma y el alma de todas las mujeres y siendo el joven que era se propuso acabar con una costumbre atávica y brutal de su pueblo.

En la madrugada del 16 de noviembre del `14, ya rey, Julien Zhibebu decretó la prohibición total de la ceremonia de circuncisión femenina; un eufemismo para la mutilación del clítoris.

Mnyamana kaMahole era un jefe religioso regional y un hombre de tradiciones.  Cuando una partida mínima de Fusileros del rey intervino la aldea de kaNgquengelele para impedir un ritual masivo de circuncisión de niñas de 13 años, el shaman los enfrentó, los rodeó y desarmó para finalmente colgarlos de los pies y mutilar sus genitales. Esos 20 hombres que eran valerosos pero primaron la paz eran comandados por un primo de Julien Zhibebu. El rey supo que esa tierra brutal le iba a exigir ser un hombre de acción.

zulu

Julien Zhibebu llegó a kaNgquengelele solo y así Mnyamana kaMahole entendió que estaba frente a un rey de verdad. Era cruel y salvaje pero en su forma de vivir tan elemental apreciaba el valor de un momento en el que la sangre fluye más rápido como una forma de acercarse más a los dioses brutales que adora. Se enfrentaron a lanza y escudo, desnudos. A uno lo gorbernaba la experiencia, al otro la instrucción en artes marciales y esgrimas diversas. En esa confusión, Julien Zhibebu perdió la mitad de una oreja; Mnyamana kaMahole los tres últimos dedos de la  mano izquierda. Siguieron la lucha durante una extenuante hora cuarenta en la que se hirieron superficialmente en brazos, hombros, el rostro y la espalda. Sangraban ferozmente y no se detuvieron. Se abrazaron para no caer  y aún así rodaron por el suelo,formando una barro de sangre, pegajoso e infecto. Una última estocada en el cuello, casi torpe y casual le dio a Julien Zhibebu la victoria.  Mnyamana kaMahole lo estrechó en el último estertor de la muerte y con los ojos le dijo “Esta bien; usted es mi rey”.

Esa muerte fue el inicio de una cruzada sangrienta por el alma de las mujeres. Julien Zhibebu dejó de ser un poco rey para ser guerrero y dejó de ser un joven para ser un hombre esquivo y solitario. Murió serenamente, amado y odiado como todos los hombres grandes. Su último recuerdo fue para la mujer que le regaló una metáfora inocente sobre una libélula azul y un dibujo animado.

 

 

Tribal_Dragonfly_by_joshD1000