Archivo de la categoría: Hombres de acción

Karmann ghia.

En un arranque marikondesco me deshice de ropa que no uso; un par de pulloveres de hilo impresentables y dos camisas de buena calidad con cero onda y no sin dolor una remera de Avengers abierta en una axila. Hay otra camisa, a cuadros azules, que no voy a dejar ir. Cuando la compré, la compré por vos; para bailar con vos. Te merecías eso y todo porque te aseguraste de que yo fuera tu pareja y también  te aseguraste de ser la historia de amor más maravillosa de mi vida. Fue un verano que sabíamos que empezaba y terminaba y aunque flasheamos un amor de verdad (eso dijiste vos; “flashee amor” y yo sencillamente estaba enamorado); secretamente sigo enamorado de vos y me permito alegres fantasías que amortiguan ese absurdo. La más reciente me ubica a bordo de un VW Karmann Ghia como el de Brad Pitt en “Once upon a time…”, pero rojo. La clase de auto que según yo debería tener un hombre de verdad.

Escenifico una entrada de costado como la de Kaneda en su moto y no mucho más, suponiendo que eso te impresionaría aunque en realidad sé que  te dejaría mirándome como a un boludo, pero es que el Karmann ghia me impactó y notoriamente no tengo mucha imaginación así que persevero en esa porque te conozco lo suficiente y me conocés lo suficiente como para que nuestra relación supere esa instancia reprobable. Sobre todo porque es sólo una fantasía. Las fantasías anteriores incluían un Jetpack y pistolas láser e incluso dragones, así que podemos entender un avance en términos dramáticos.

En las fotos aparecemos descontrolados de fiesta, yo estoy con la camisa azul y estamos juntos, juntísimos porque hicimos el amor todo el día pero igual estamos viendo la forma de irnos, sin que nadie se dé cuenta porque queremos dormir juntos. Ni loco voy a dejar ir esa camisa. La voy a usar hasta que se deshaga y cuando se deshaga la voy a usar de bandana para salir de desert raider. 

Esta notoria melancolía loser es inaceptable pero también me prueba un poco que el amor existe. El amor desinteresado digo; el que no espera nada, que cabalga una felicidad tenue y despreocupada, como una sonrisa en una tarde de lluvia cuando el café caliente desprende el aroma perfecto; una escena serena y bucólica, pero que en realidad contiene a un karmann ghia de color rojo entrando de costado. 

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Sueño

 

Cuando era chico tenía una batata que se llamaba Flora. Yo le decía Genia, porque entendía todo. Se la pasaba acostada y cada vez que te miraba, tenía unos ojos acuosos y plácidos, te miraba con cara de realizada, cara de yo no tengo que ir a la escuela y nunca voy a hacer todo lo que tengas que hacer y todavía ni te imaginás, cuando termines la escuela. Yo la envidiaba pero la llenaba de mimos a la gorda, cada vez que la veía: la agarraba despatarrada en cualquier tramo de la estufa al patio y le acariciaba despacio la parte de abajo de la panza, rosada y tibia, y ella movía la cola lento, me tocaba apenas la rodilla. La panzotota no la tuvo siempre, le quedó de la vez que perdió el embarazo. Yo pensaba que le habían quedado adentro, en serio, porque quedó hecha una batata al plomo con panceta y queso crema, y por esa época más o menos yo era rubio y me teñí de negro, y después de eso ya fui castaño. Me pasaban seguido este tipo de magias.

oso

En el sueño yo tenía frío como ahora y la gorda estaba acostada en mi cama. Nos abrazábamos, me envolvía con sus patitas de Tiranosaurio Rex y una oreja de elefante me cubría un hombro. Yo le masajeaba una parte de atrás de la oreja que le hacía cerrar los ojos un segundo, dos, y me lamía, era nuestra caricia secreta. Entonces de tanto silencio sentí una incomodidad leve, sentí que tenía que decir o reafirmar algo, pero al mover la boca las palabras no me salieron, me faltaba volumen. La miré asustado, pero ella estaba con su cara de siempre: ya sabía que la quería, sabía que quería morderle cariñosamente la piel que le sobraba por todos lados y más abrazarla y más morderla, y se me abatató en el hombro y me respiró despacio, calentito, con esto me alcanza. Me acurruqué con ella pensando que quizás siempre podía hablarme la muy atorrante, pero elegía no hacerlo, y ahí nomás se quedó dormida, entendiendo todo, roncando un poquito.

 

Lucas Giayetto

Nos veamo, nos besemo

 

 

No sé para qué tengo esta esperanza,

Te juro

Pero nos veamo, nos besemo

Total…

Yo sé que estás huyendo de todo

 y está bien…

Pero nos veamo, nos besemo. Y listo.

Yo sé que conmigo un poco te olvidás

de que  tu vida no tiene sentido,

que las mañanas son un calvario

de entender que nada es tuyo

y que todo se te va…

Así que el plan es ese

Nos veamo, nos besemo.

Te juro,

yo entiendo tu drama-queen connection

Ok…

Pero nos veamo, nos besemo

porque conmigo te reís

porque soy un pavote

Y porque estoy para eso.

No pretendo otra cosa

que hacerte reír

y que nos veamo y nos besemo

Así que dejá el drama-queen bullshit afuera

en serio, acá no.

Dale, nos veamo

Y dejá que yo sea lo alucinante que soy:

Yo te bailo mientras cocino

y te canto medio a los gritos una de Donna Summer

y te cuento una de John Wayne que vi hace poco

y te llevo de las puntas de los dedos al sillón

y nos besemo.

rocket99

La mirada de los mil metros

 

 

Cuando era casi un nene

O casi un joven

Leí que los hombres que combaten

adquieren la mirada de los mil metros.

…cien guerras pelearía,

para llegar con los ojos a vos.

Para cubrir la distancia horrible

que no me deja ver tu huella en una playa

Ni tus manos en una taza de café

o tus labios en un pedazo de chocolate

Cargaría mil veces contra las baterías

Contra los kilómetros que nos separan

Pero no hay guerras suficientes

Estás a mil kilómetros

Me queda saber que de una forma triste estás en mi vida

Me queda imaginar todos los libros que podríamos compartir en silencio

Las películas que vería con una mano en tu estómago

y la otra adormecida bajo tu cuello

Sé que habría helados al atardecer

Y  que tendría tus pies en mi regazo

envueltos en medias gruesas y una frazada

en el invierno que no queremos que termine.

Estás a mil kilómetros

Y no está tan mal

Porque al menos estás en mi vida

De una forma lenta y dulce

que no se va a terminar nunca.

Estás lejos,

Ok…

Pero estás

Porque viste que están eso que están

pero es como si estuvieran en Marte.

Por eso te quiero a vos

Porque siento que puedo decir

“Scotty… beam up”

Y encontrarme con vos para tomar un café enorme

Para charlar mirando el sol en el otoño

la luna en el verano

Y la lluvia en el invierno.

Porque estás lejos

Pero estás.

 

2016

Febrero

box

Me siento gordo.

Y estoy gordo. Hace un año estaba maravilloso y ahora estoy gordo. En algún momento la vida se complicó y Box se convirtió en una cosa eventual antes que una disciplina. Si no hubiese aflojado, hoy sería aún más maravilloso; pero Igual tengo que cuidar el caudal de grossitud con que ilumino al mundo. Como sea, no tengo que dejar Box porque dejar Box me caga la cabeza y con la cabeza cagada como más y como mal. Como con la ansiedad de quienes no pueden controlar ni el presente ni el futuro y cuando estoy mal no escribo y no escribir me pone peor. Cuando salgo de Box siento que puedo lograr todo y tiene que ver con que entreno con un grupo de pendejos que pueden ser mis hijos. De hecho, Leia Skywalker y la Fesca eran parte de esa heterogeneidad de boxeadores, chicas malas y ex convictos buscando una salida. Con el Fantástico nos mirábamos mientras trotábamos en el frío de la tarde y nos preguntábamos, medio en joda, medio en serio “Para qué era que hacíamos esto?” y él me contestaba “huevos podridos y la salvación de la humanidad”. El Fantástico dejó el gym y eso no ayudó en mi disciplina y el forro no quiere volver. Es un hombre tormentoso y lo gobiernan sentimientos repentinos y devastadores. Ahora corremos de vez en cuando, pero no viene al gimnasio. Tener una buena pareja de gimnasio es como tener una buena pareja para coger; infrecuente y maravilloso. Con el Fantástico hacíamos abdominales sobre un neumático viejo, equilibrándonos; series de 30, ponele; y nos mirábamos y uno decía “cinco más” y el otro contestaba, “Vamos…” y le metíamos cinco más como si nada. Y en los días en que hacía ese frío del orto y daban ganas de quedarse en casa y uno de los dos aflojaba, el otro decía, “dale boludo vamos que sino con quien hago abdominales?”

Pero el Fantástico dejó y yo tuve una crisis en que iba poco a Box y le daba prioridad a cosas que no deberían tener prioridad y me puse más triste y más gordo. Ahora en Febrero, de a poco empecé box y fue maravilloso; pero no lo tengo al Fantástico. Ahora está OnePunchMan que es como un coach que tengo pero es tan joven y tan poderoso que si intento seguirlo me pasan cosas humillantes como lesionarme un aductor o algún otro músculo que me odia por ser tan viejo.

danza

Ahora empecé ritmos latinos. Me llevó una amiga que cree que puedo bailar y con quien mantengo una amistad serena de mensajitos de whatsapp. Si, ritmos latinos. No hay uno solo de mis amigos que no me trate de trolo y yo en mi grossitud, persisto. Y ojo que si querés bailar bien, tenés que ponerte en contacto con tu lado femenino. No lo hacemos nunca y está mal. Los tipos estamos tan poco acostumbrados a no aflojar que al final nos rompemos y hacemos pelotudeces. Los más afortunados se cagan la vida teniendo bebés después de los ´40 con una pendeja que conocieron en un lugar desastroso. Sé de uno que abandonó a media docena de hijos y se casó con una negra dominicana, lo que parece un buen plan pero es más bien un naufragio y una película con Francella.  A los que peor les va terminan con ansiolíticos o antidepresivos, en el límite de la locura como mi tío, que no aflojó nunca ni un centímetro y yo no sé si se volvió loco por eso o si no aflojó porque estaba loco.

Y miro para los costados cada vez que veo a los tipos que no podemos aflojar porque tengo una colección momentos durísimos en mi vida en los que no aflojé ni un centímetro. Pero aparece mi amiga que me salva y me dice: “Vamos a ritmos latinos” y como sólo le digo que no a la ensalada de apio,  le digo que sí a mi amiga. Me veo esforzándome por ser un poco más femenino frente al espejo, más descontracturado. Una de las chicas me dice: “disfrutalo” y tiene razón, porque me frustro cuando me equivoco. “Disfrutalo”, me dice. Me miro al espejo y me causo gracia, pero también lo disfruto a horrores. Transpiro como el animal que soy mientras suena una versión remixada de mambo nº5. Las chicas se ríen y hacen bien. Me equivoco y me canso y no me importa nada. Me anoto para el resto del año. Secretamente espero haber encontrado la forma de no romperme.

 

Marzo 

Descreo de  cualquier posibilidad de que un evento astronómico pueda influenciarme. Es una decisión política. Alicia cree, por ejemplo, que el eclipse de mañana la afecta y me afecta, aunque yo no lo acepte. Le doy abracitos para contenerla, boludeando y un poco en serio, porque se siente medio bajón de verdad y contra eso no puedo hacer nada más que contenerla un poco y hacerle algún mimo como decirle que está linda y que me gusta el color del esmalte de uñas (que es verdad, me gusta). Ella sigue trabajando y sonríe. No sé si funcione, pero siento como que estoy peleando contra el universo and it feels fucking good. Sep… sobre todo porque estoy en un momento de soledad monástica, de esos contra los que no se puede hacer nada. Cualquier intento por modificar ese status desemboca en desastre.

eclipse

Ejemplo: conozco a la Valkyria desde mitad del año pasado. Es bellísima y rara y cierta condición hace que nunca haya sido objeto de deseo para mí. Quizás es su necesidad de que la note diciéndome cosas lindas como que me quiere y que soy lindo. Sí, ya sé que todo eso es una luz roja. I know. Pero es esta mierda de la soledad monástica que es como un charco de aceite; negro e imperturbable. Le pasas un cuchillo y queda una huella que se pierde en medio segundo y vuelve a ser negro e imperturbable. La Valkyria fue eso. Un cuchillo que pasás por un charco de aceite. Y en la soledad te subís a cosas que no deberías subirte, porque estás al pedo. El Fallout 4 ya me cagó a palos. Los pendejos me tienen de hijo en el Call of Duty; no encuentro buenas pelis, (veo por vigésimosexta vez, Blade Runner); La lectura es un refugio, pero hay un punto en que sólo acentúa la soledad. Audrey Herpburn me mira como diciendo “estoy podrida de verte acá; comprate una vida muñeco”, los gatos no la caretean ni un poquito.  Entonces aparece la Valkyria con cualquier plan chino y yo me subo como si fuera una gran idea. Me olvido de las luces rojas. Voy en mi tanque por la estepa o el desierto y suena una luz roja en el tablero.  Teeeeet, teeeeeet!!!! No me importa; igual me arrojo al combate. Sé que no puedo ganar, pero igual me arrojo porque llevo meses de tedio y polvo. Así que sí; salgo con la Valkyria; No voy a llegar nada. Va a ser una escaramuza descalabrada para que a mí me quede claro que con ella no puedo. No hay drama, voy igual. Así somos los hombres de acción: vino, libros y munición; que nunca falten. Lo demás viene solo.

valk

No estoy seguro, pero me parece que por un momento creí que sí podía con la Valkyria, porque soy un pelotudo y  porque estoy en el medio de esta soledad monástica que me hace delirar.  No pude; ni cerca estuve… pero combatí con honor y me retiré entero, que tampoco está tan mal. Huí, en perfecto orden. Cuento las tropas y están todos. Hay heridos; siempre hay. Y la Valkyria se queda por allá, del otro lado de la colina pensando que ganó. Re típico de las diosas.

Pero no estoy taaaaaaaaaaaaan solo. Está Steph. A Steph la conozco desde pendejos cuando salí con una amiga de su hermana más grande. Años después; muchos años después nos encontramos, lejísimos los dos y en algún momento decidimos que había que encontrarse para coger. Desde entonces nos queremos mucho y recurro a ella para que me explique cosas que no entiendo de las mujeres. No es que funcione siempre porque las mujeres son un misterio para sí mismas; pero Steph si entiende a los hombres o al menos me entiende a mí y compartimos criterios en temas como Star Wars o la importancia de la soledad por sobre estar con un pelotudo. Tengo suerte de tener a Steph: es mi apoyo aéreo cercano. Me guió un poco en esto de la Valkyria; no es que lo necesitara porque están las luces rojas, pero está bueno poder hablar del tema con alguien. Steph me dijo: “Huí de ahí Salvador”. Es como la computadora de abordo del tanque. Un GPS con el que querríamos pasar el resto de nuestra vida. Me dijo lo que yo ya sabía, pero me señaló la luz roja en el tablero. “No tenemos munición para esto; no tenemos combustible,  decía la luz roja“;  “Huí Salvador”. Y los junté a todos y huímos y ahora la Valkyria es solo un cuchillo que pasó por un charco de aceite y las tropas están enteras.

m1 camello

Septiembre

I was beat

Incomplete

I’d been had, I was sad and blue

But you made me feel

Yeah, you made me feel

Shiny and new

 

Lunes

Son las 7 y Audrey Herpburn hace rato que está despierta y lucha con mi oreja izquierda. Me llega un Whatsapp de Bárbara. Hace rato que no hablamos.

_Salvador…

_What?

_ Necesito hablar con vos…

_ ¿Pasa algo?

_ Si, pasa; ¿nos podemos ver?

_ Uh esto es heavy. Adelantame algo

_ Me mudo

_ Ahja….; ¿Necesitás que te ayude con las cosas pesadas?

_ Me mudo a otro país.

_ Ahja. Y me avisás a las 7 de la mañana porque te vas ya?

_ Porque sos importante en mi vida, pedazo de pajero.

_ Ah…

Paso después, ¿te parece?

_ Dale.
chew4

Inicio mi día dándole clases a un grupo de adolescentes indolentes. Los abrumo, premeditadamente, en un intento de que reaccionen. Mi esperanza es que un día hagan una conexión de algo de lo que les enseño con algún suceso de su vida.

A las 11 voy al estudio; Alicia me dice _ Buen día licenciado: lo están esperando…

_ Bien. ¿Qué tenemos para hoy?

_ Un hombre que quiere escribirle a su madre muerta. Una mujer que le quiere decir a su esposo que está enamorada de su mejor amiga y un señor mayor que quiere escribir su testamento. Están los detalles en su escritorio y los contactos de cada uno por cualquier consulta.

_ Bien; va a ser un día tranquilo _

_ ¿Quien me espera?

_ La señorita Bárbara.

_ ¿…?

_ Así me dijo. Y que ustedes se quieren mucho. ¿Llamo a la policía?

_ No, no… Está bien.  _

_ Nunca me habló de Bárbara.

_ No… es complicado. Después te cuento.

_ Siempre es complicado Salvador.

_ Siempre.

Entro a mi escritorio y Barbi está chusmeando la biblioteca y toca la maqueta de un Panzer IV con la punta del dedo. Está de jeans y botas, como me gusta a mí.

_ No hagas cagadas pendeja.

_ Boludo, me asustaste. ¿Porqué nunca me invitaste a tu estudio?

_ Será porque no sos mi clienta. Pensé que ibas a pasar por casa ¿Cómo estás?

_ Hasta la pija, ya te dije.

_ ¿Emocionalmente?

_ Aterrada.

_ Es normal. ¿Qué te preocupa?

_ No ser feliz.

_ ¿A donde te vas exactamente? _

_ San Pablo.

_ Ok… no es mi ciudad preferida, pero podría ser peor. De qué tenés miedo.

_ De no ser feliz.

_ Los dos sabemos que ser feliz es inconstante. Como las mareas.

_ No lo estoy pensando ahora. Esto viene de hace rato y vos lo sabés.

– ¿El está contento?

_ Lo mandan allá por su problema. La familia no lo aguanta más.

_ Nunca me contaste porqué lo aguantás.

_ Decime que no vas a desaparecer de mi vida.

_ No voy a desaparecer de tu vida.

_ ¿En serio?_

_ En serio _

Bárbara me abraza y me dá un beso de los de ella; de los violentos, pero sin la lengua. Cuando se va, me quedo apoyado en el marco de la puerta viendo por donde salió.

_ Esa chica está enamorada de usted.

_ Don´t be ridiculous.

Alicia se acerca con una taza en la mano y me la apoya en el estómago quemándome. Es una de las formas en que me tortura.

_ Escúcheme, que yo sea lesbiana no implica que haya perdido mi sensibilidad femenina.

_ No te enojes.

_ ¿Usted está enamorado?

_ No lo sé.

_ No sea pelotudo Salvador.

_ Sí, estoy enamorado de Bárbara.

Alicia abrió los ojos enormes y la mandíbula se le desencajó y le cayó hasta los pies. Teatralizó un desequilibrio momentáneo y la recuperación gradual de la compostura.

_ Sos una exagerada.

_ Salvador ¿hace cuanto que lo conozco?

_ Más de 10 años.

_ ¿Cuántas veces le pregunté si estaba enamorado de alguna de las chicas con las que salía?

_ 1000 veces. Es un número exagerado, pero los dos sabemos que fueron muchas.

_ ¿Cuantas veces me dijo que estaba enamorado?

_ Nunca _

_ Bien… ¿y qué va a hacer al respecto?

_ Absolutamente nada.

_  ¿Porqué me hace enojar Salvador?

_ Alicia, ¿parezco alguien con un plan?

_ No necesita un plan. Necesita amar a alguien de una vez por todas.

_ Soy como un perro que le ladra a los autos. Si lo alcanzara no sabría qué hacer.

_ ¿Va a seguir parafraseando al Joker?

_ Ella está casada.

_ Ahja. Pero lo ama a usted. Una institución arcaica no debería ser un obstáculo entre ustedes.

_ Se va a mudar a San Pablo.

_ Váyasé a la mierda Salvador. Muérase solo. Volvamos al trabajo.

_ Sí mejor.

 

Madre: cometiste la imprudencia de morirte en la peor parte de nuestra relación madre/hijo. No importa porque no recuerdo nada de eso. Recuerdo tu risa cuando los demás te lloran y no parece importar nada más. Me dejaste una sonrisa y buenas recetas; que es lo que hacen las buenas madres.

Hice malfattis y quedaron buenísimos. Le faltó un poco de nuez moscada para mi gusto, pero estaban buenos. Quería que lo supieras. Ya voy a encarar el Lemon pie. No te preocupes.

Hubiese estado bueno seguir cocinando juntos Ma.

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Querido Oscar: lo peor de todo es la chupada de concha. Primero creía que me hice lesbiana porque nunca me chupaste la concha, y a Andrea le encanta chuparme la concha. Si no la amara me preguntaría si  formalmente no fue tu ineficiencia la que me empujó a la homosexualidad; pero no. Tranqui: solo soy gay.

Me diste un par de buenos años y unos hijos hermosos. No te odio por las infidelidades; solo te detesto porque alguna vez me expresaste desprecio. Sé que vas a estar bien.

Hasta nunca.

 

Marta.

————————-

 

_ Alicia, acá hay un error.

_ ¿El señor del testamento?

_ Ese. Solo quiere que ponga “Váyansé a la concha de la lora”. Literalmente.

_ ¿Lo comunico?

_ Dale.

 

El sr. Bustamente.

_ Hola…

_ Buen día; ¿Señor Bustamante?

_ Eddo Bustamante habla…

_ Salvador Kozietulski, del Bureau de comunicación.

_ Ah sí,  cómo le va sr. Kozietulski.

_ Mire, tengo una problemita: no entiendo para qué me contrató. Usted solo quiere que ponga en su testamento “Váyansé a la concha de la lora”

_ Si, claro. ¿Y cuál sería el problema?

_ Bueno, no es exactamente un problema; es más bien un dilema. Siento que no puedo cobrarle por esto.

_ Señor Kozietulski. Yo gasto mi dinero como quiero.

_ Entiendo.

_ Le voy a pagar el doble, por entenderme.

_ Asumo que no puedo contradecirlo.

_ No. Y le voy a pagar el triple por no hacerlo.

_ Hay formas más interesantes de gastar dinero sr. Bustamante antes que en un mal escritor.

_ Llámeme Eddo. El tema es que tengo mucho dinero y no tanto tiempo. Si tiene alguna idea, lo escucho.

_ Hay un lugar en la calle Mountbatten. Asisten a chicos y jóvenes con problemas de violencia en el hogar. Envíe mi cheque ahí. Mi asistente le enviará por mail los detalles.

_ Hagamos una cosa Salvador. Yo voy a mandar un cheque a la Calle Mountbatten pero también le voy a pagar a usted y le voy a pagar cinco veces lo convenido.

_ ….

_ ¿Sr. Kozietulski?

_ Hasta luego Sr. Bustamante. Que tenga un buen día.

 

Lunes a la tarde

Leia rebel scum

Al llegar a casa encuentro a Leia Skywalker en patas en el sofá con Audrey Herpburn acurrucada sobre su cuello.

_ Soy tu hija, ¿no pensabas decirme que tenés un gato?

_ Hola hijita. Hola papi, te extrañaba mucho, que bueno que llegaste. Muah, Muah, Muah.

_ Hola papá. Hace cuanto la tenés?

_ Desde ayer. Se llama Audrey Herpburn.

_ Ese nombre se lo puso Alicia. Vos le hubieses puesto algo como Vengadora del infierno o Ninja fantástico. ¿De dónde la sacaste?

_  No la saqué de ningún lado. Apareció en el estudio.¿Qué querés comer?

_ Hacé sandwich violento.

_ ¿Con huevo?

_ Y roquefort.

_ Perfecto. Andá a comprar panceta.

_ No puedo. Se va a despertar Audrey Herburn.

_ No se despierta con nada. Dejala en la cama y andá, pendeja del orto.

_¿Porqué me odiás papá?

_ Que piña te voy a dar.

 

Martes

_ Buen día Alicia.

_ Buen día Salvador. Lo está esperando el señor Bustamante. Me pagó con un cheque por una cifra ridículamente enorme; me dijo que usted ya sabe. Le dejé media docena de encargos en el escritorio. Y llamaron de la Fundación de asistencia al neurótico con compulsión a la soledad; preguntan si va a asistir a la cena anual.

_ ¿Me alcanzás un par de cafés?

_ Compré brownies.

_ Te amo.

_ Mire lo fácil que me lo dice..

Entro a mi escritorio y el sr. Bustamante está sentado hojeando un libro sobre la batalla de Leipzig y sin mirarme dice _ Liebertwolwitz; el mayor combate de caballería de la historia. La napoleónica fue una era maravillosa.

_ Cierto. Veo que es un conocedor…

_ Un aficionado apenas.

_ ¿Qué lo trae por acá Sr. Bustamante?

_ Temí ser un poco brusco ayer y quería disculparme. Dígame Eddo, por favor.

_ No se preocupe Eddo. Toma un café ¿verdad?

_ Como no. Le agradezco.

_ Me va a explicar o vamos a hablar sobre la avidez de Murat por las cargas de ruptura?

_ ¿Usted gana bien haciendo esto Salvador?

_ Lo suficiente para ser feliz.

_ ¿Cuanto gana? Disculpe si lo incomodo.

_ No mucho. Me quedan algunos billetes después de pagarle a Alicia y el alguiler de este lugar.

_ Me imaginaba. ¿Porqué lo hace?

_ ¿Cómo porqué lo hago? Esto es lo que soy. Yo escribo. Además soy docente.

_ Historia, supongo.

_ Literatura. La historia es apenas una afición que me acosa. No me está explicando nada Eddo.

_ A eso voy, créame.

_ ¿Debo entender que odia a su familia?

_ En absoluto. Los amo a todos y cada uno.

_ ¿Entonces porqué se está gastando todo su dinero y les dice “que se vayan a la concha de la lora” en el testamento?

_ Usted es un ejemplo. Usted no gana una mierda Salvador, pero ya lo entendió. Sabe que no necesita mucho. Se detiene donde se tiene que detener- arrugué el ceño, porque seguía sin entender.

_ Lo de la felicidad es un tema tan subjetivo como efímero, usted debe saberlo. Mi secretaria cree que soy profundamente infeliz. Es una romántica.

_ Mire, así me gustaría morir _  Eddo me muestra una lámina doble página de una carga de coraceros de Detaille del libro que sigue hojeando distraídamente mientras charla conmigo, todavía sin explicarme nada. _ Soy un hombre simple, Señor Kozietulski. Hice dinero como comerciante; empecé vendiendo azúcar en el sur. Yo solo, en una camioneta desvencijada, después en un camioncito. En algún momento me convertí en un hombre rico. Conocí muchas soledades pero también mucha felicidad pequeña y eso es con lo que se hace una vida interesante.

_ Usted quiere que sus nietos tengan una vida interesante.

_ ¿Le parece que estoy equivocado?

_ Lo puedo entender perfectamente pero no sé si funcione como método. La felicidad es un concepto asustadizo.

_ ¿Pero lo entiende verdad? Yo sé que usted lo entiende. Lo puedo ver en sus libros. Por eso le pagué lo que le pagué. Y le pido por favor. Disfrute de ese dinero. Ya hice una colaboración al hogar de la calle Mountbatten.

_ Le agradezco.

_ ¿Usted no sabe quién soy yo?

_ ¿Un cliente excéntrico?

_ Soy el abuelo de Bárbara.

 

Miércoles

gl

La apatía es una cualidad general en la adolescencia y como profesor de literatura debato con esa figura la mayor parte del tiempo; Cada tanto se produce una victoria mínima que me permite reagrupar las tropas y seguir luchando. Camila de 13 o 14 y a quien jamás le importó nada, se interesó en el libro que propuse; se sentó a mi lado en el escritorio y leyó tres capítulos de “Kryptonita”. En un momento me miró con esa cara chiquita que tiene y  que  cuando me responde con una irreverencia me dan ganas de extinguir a cachetazos y me dice “¡¡¡Está re bueno!!!”. No va a leer mucho más que eso, pero ese solo gesto me da una esperanza infinita. Debería dedicarme a otra cosa.

 

Miércoles por la tarde

Charla de whatsapp con B

_ Sacame una duda; vos le hablaste a tu abuelo de mí?

_ Puede ser… ¿Por?

_ Es cliente mío y parece conocerme bien.

_ Ese viejo metiche.

_ Es un tipo raro, pero interesante.

_ Ligeramente excéntrico…

_ Eso.

_ ¿A qué fue?

_ Necesitaba un trabajo. Su testamento.

_ No me digas eso, la concha de la lora.

_ No está por morirse ni nada. Es solo que sabe que ha vivido. ¿Ustedes son muy cercanos?

_ Mucho. Imaginate que le hablé de vos. En realidad me sorprende que no haya venido antes porque es muy chusma.

_ Porqué le hablaste a tu abuelo de mí?

_ Ya te dije;  somos muy unidos.

_ No era lo que preguntaba, pero bueno.

_ También ya te lo dije. Sos importante en mi vida. Salvador, sabés que sos un pelotudo, no?

_ Estoy escuchando eso bastante seguido.

_ Vos tenés esa tendencia hija de puta de suponer que no le importás a los demás y eso es muy de pajero egoísta porque al final terminás en que en realidad a vos no te importa nadie.

_ No te enojes.

_ Me enojo todo lo que se me canta el orto. Voy para allá y te cago a trompadas imbécil.

_ Tengo frutillas maceradas en jugo de naranja y crema recién batida.

_ Te torturo salvajemente; me como las frutillas y después te cojo.

ahja

 

Jueves a la mañana

Es un día tranquilo.

No es el día; Yo soy el que está tranquilo. No estoy concentrado para trabajar y apenas bosquejo algunas ideas; pero eso no me atormenta. Bárbara se va a otro país y tengo una sensación de vacío pero también de alivio. De fondo tengo “A Charge To Keep I Have” por el reverendo Timothy Fleming, que funciona siempre como augurio de algo. Por whatsapp, Alicia me avisa que hay alguien esperándome. A la vez se abre la puerta y entra Bárbara. Tiene un vestido oscuro corto, chatitas coral y una campera de hilo de color claro. Como siempre, está hermosísima. Tiene en la cara algo que nunca  le vi y creo que es tristeza; la he visto alegre, eufórica, furiosa e incluso melancólica; pero nunca le vi esa clase de tristeza y por un milisegundo me perplejiza. Se sienta frente a mí dejando la cartera que le hace juego con los zapatos el el silloncito que uso para leer. Cuando la conocí despreciaba u olvidaba esos detalles de elegancia.

_ Hola sr. Kozietulski.

_ ¿? _ La miro con desconcierto.

_ Así te dice mi abuelo.

_ Me sigue diciendo Sr. Kozietulski aunque me exige que le diga Eddo. Hemos forjado una pequeña amistad.

_ Me dijo. Dice que le gusta tomar un café con vos y charlar un rato. Perdonálo; es un señor solitario.

_ Es una de las pocas personas interesantes que conozco. Nunca me contaste que tu abuelo fue soldado.

_ No porque no lo sabía. Y me hincha bastante las pelotas que vos sepas y yo no.

_ En Rodhesia en los 70´s. Mercenario más bien. No le digas que te dije. No te sientas mal; lo recuerda con cierto dolor y sin orgullo.

_ Salvador…

_ Bárbara.

_ Me voy.

_ Recién llegás. ¿Tomás un café?

_ Me voy a San Pablo, boludo. Si quiero.

Le pregunto a Alicia por whatsapp si hay café. Me contesta entrando por la puerta con una bandeja con scons que deja sobre el escritorio. No me mira. La mira a Bárbara y en la mirada hay un gesto sutil; un código femenino que a los hombres nos es inaccesible.

-Hijita vos querés earl grey, verdad?

_ Si Ali, gracias.

_ Te lo traigo en un minuto.

 

Miércoles a la tarde

_ Hola…

_ Hola hijita. Vení pasá. Salvador no está pero si querés lo podés esperar.

_ Sí, sé que no está. Tiene clases a esta hora. Quería hablar con vos.

_ ¿Te puedo ayudar en algo?

_ ¿Vos lo conocés bien a Salvador?

_ A veces creo que sí y otras veces sale con cosas que me desconciertan, pero se puede decir que lo conozco más que la mayoría. ¿Por?

_ ¿A vos te parece que le pasa algo conmigo?

_ Mirá; eso es algo que le tenés que preguntar o entenderlo vos misma. Vos lo debés tener claro aunque yo sé que es difícil descifrarlo porque básicamente es un pelotudo al que le rompieron el corazón y que encima se pone en una cosa de héroe solitario o no sé qué mierda de estoicismo. Hay algo de que ustedes se llevan algunos años y alguna cosa absurda de que él no puede hacer feliz a nadie. Por lo que me ha comentado a la pasada.

_ Es un pelotudazo, no?

_ Ufff, si te contara.

_ El tema es que yo también soy una boluda.

_ Bueno… ya que lo decís.

_ Yo debería quedarme sola y dejarme de joder.

 

Miércoles a la noche, con el Galáctico

Sumergimos unas papas rústicas en salsa picante, alternadamente, pero con la vehemencia de dos hombres que han llegado a las 10.20 de la noche con la destrucción en el cuerpo de un día tuareg y presiones ilusorias pero inmediatas. Melissa, la chef y Micaela nos traen un sandwich de pollo crispy perfecto. Hablamos de ser viejos, pero viejos de verdad; no esta primera edición de la vejez en la que somos canosos  pero tenemos ganas de conquistar el mundo sino a la vejez final en que necesitemos ayuda hasta para cambiar un foco y sea preferible la muerte. Cada vez que hablamos concluímos en que nos vamos a quedar solos. Hacemos cuentas; agregamos y sacamos y nos da siempre lo mismo: estamos buscando algo que no hay; así que nos vamos a quedar irremediablemente solos. Vamos a tener libros, películas y videojuegos en mi caso; ( el Galáctico desconoce y aborrece esa dimensión), seguramente un gato, un perro o ambos. Pero nos vamos a quedar solos porque estamos viejos, pero también estamos sabios y conocemos los lugares en los que no queremos estar; que son más que los que queremos. Solo queremos darle la vuelta a Vietnam en moto y ver los atardeceres después de un día devastador; Otra cosa sería excesiva o innecesaria. We´ve been there. Ahora queremos decir que vamos a conquistar el mundo, pero en realidad queremos levantar minitas; porque la mujer que queremos no existe y si existe, no nos da bola…

morocha2

Jueves a la mañana

_ Quiero que me digas si me amás.

_ Ahja… estuviste hablando con Alicia.

_ No te importa.

_ ¿Para qué querés que te diga si te amo?

_ Para ver si me voy a San Pablo o no.

_ Y vos vas a decidir tu destino en base a que yo te ame o no?

_ Sí. Ya te dije que sos importante.

_ No te amo. Date más importancia vos y todo va a salir mejor.

_ Sos un imbécil Salvador; no te podés el orto de tan imbécil que sos. – lo dijo casi sin expresión; sin enojo y en un tono monocorde y agresivísimo; como para que me quede claro. Para no aturdirme.  Se levantó, arrebató la cartera del silloncito salió por la puerta, le dio un beso a Alicia y no la volví a ver. No escuchó ni entendió lo que le dije. Notoriamente.

_ Alicia… solo un café.
salto 2

Sitting on a Porsche

THE MORE YOU PAY for a car, the less reliable it will be. And it’s not just cars either. My old Casio watch used to be second perfect, week in and week out, but the Breitling that’s replaced it sheds nine seconds a day and sometimes stops completely in the night. My £8 Zippo is capable of lighting cigarettes in a hurricane but the Dunhill I take out on posh frock nights refuses to ignite if someone on the other side of the room is waving their arms around a bit. 1 have an Umberto Ginocchietti jacket which has worn through at the elbows in less than a year, yet my Lee Cooper jeans are unburstable. And so it goes on. I read about a woman the other day who has enjoyed 120,000 trouble free miles in her Daihatsu Charade, yet the new McLaren, which costs more than half a million pounds, broke down on its first ever journalistic road test. Prince Charles suffered the ultimate ignominy the other day when his brand new £150,000 Aston Martin Virage Volante conked out, rather conspicuously, on the Cromwell Road. We may all drool over a Ferrari but if you used one every day, its engine would go out of tune and then break altogether. You would grow to hate the steering which is more stubborn than a dog which doesn’t want to go to the vet’s, and the gearbox, which is heavier than a washing machine. But this is part of the appeal. You’ve got to be some kind of triangular torsoed he-man to drive a Ferrari, and you have to be rich enough to have another car for the other six days in a week. You only take the Ferrari out on special occasions – that’s what makes it special.

If you have a car that you can use every day, it will be an everyday car; humdrum, and tedious. Unless it’s a Porsche. Porsches are unique as they, like no other cars made, blend quality with sophisticated get up and go. And 1 have to say that some of them, these days, are pretty good value for money. The 968 Club Sport does not have much in the way of creature comforts but you find me a more invigorating coupe for less than £30,000. And all you lot at the back with your Mazdas and your Toyotas can put your hands down now. They are not in the same league. The 911 too is something of a bargain. I recently spent the weekend with an egg yellow Carrera convertible which can haul itself from 0 to 60 in five point something seconds. It sounded great. Yobs spat at it. Taxi drivers asked if I’d swap. And yet it costs a mere £59,000 which is £20,000 less than the equivalent Ferrari. Now, I’m no great fan of the 911. It’s 31 years old and in some ways, you can tell. The dash was put together during a game at a children’s tea party, and a blindfold was involved. And I reckon the new suspension is a triumph of engineering skill over a flawed design. That engine simply shouldn’t be where it is. Furthermore, the latest version, which was launched six months ago, has a pair of headlights which make the whole car look like a startled rabbit. And it’s just too easy to drive; the steering’s too light, the clutch is no harder to depress than a member of EXIT and changing gear is no harder than stirring soup. The end result is a car that just doesn’t feel special enough even if you have just gone round a corner at 150mph and all the girls in the street are trying to leave their phone numbers under the windscreen wipers. Me, I’ve always preferred the Porsche 928, the Big Daddy. At £73,000, it is reassuringly expensive and it is capable of achieving speeds far in excess of what is practically possible. It also has a proper engine where engines should be – at the front. Lift the bonnet and you are greeted with the sight of a huge 5.4 litre, quad cam, 32 valve monster which sends 350 brake horsepower to the back wheels through a rear mounted five speed manual gearbox. Or, in my case, a four speed automatic. This is all good beefcake stuff. And when you climb inside, it gets better. Whereas most cars have measly pieces of wood which aren’t big enough to make a pencil, this has two dirty great slabs, like upended coffee tables, on each door. And the massive, swooping dash is just delightful. There are, of course, plenty of toys but it’s what controls them all that I love – knobs the size of ice-cream cones. To turn the lights on, you grab a great fistful of rubberised plastic and give it a big old twist. Perhaps that’s why there’s no CD player – too fiddly, too high tech: not beefy enough. I’m surprised it doesn’t have an eight track. So far then, it’s like motorised rock music: big, honest, down to earth and heavy. That body – a familiar sight now that it’s been around for seventeen years – is just enormous; so wide that parking meter bays are too narrow by 18 inches, and long too. Sitting inside, you feel cocooned so you find yourself trying to squeeze into spaces that turn out to be five feet smaller than necessary. It’s a good job that bumperless front end is damage resistant because you just can’t see it, or the back, or the sides. The last time I drove a 928, I crashed it, and driving this new one, I can see why – you can’t see where its enormous body stops. Happily, the engine is powerful enough to make light of the resultant weight. Prod the loud pedal, and immediately, the rear wheels chirp and lose traction, only being brought back into line by the various silicon chips. A green light comes on to tell the driver when the traction control computer has just kept him out of a hedge. The first time I went out for a spin, I dived into a small gap on the Wandsworth Bridge roundabout and such was the almighty leap forward, I couldn’t help whooping out loud. I’ve driven faster, more nimble cars but what 1 love about the 928 is its old-fashioned muscle. Fair enough, the ride is far too hard and the steering could do with a bit more ‘feel’, but when you put your foot down and that raucous engine begins to sing its good ol’ V8 song, you tend to forget about the various shortcomings. Who cares about the microscopic boot or the joke rear seats. The back may well sing tenor but the front sings baritone. And though £73,000 is a lot of money, it’s important to remember that this is half what Aston Martin charge for the similar, though even more brutal, Vantage and £60,000 less than a Ferrari 512TR.

With that in mind, I began to formulate a pretty good case for the German equivalent of Giant Haystacks, until I remembered the Corvette. Here is another 2 + 2 coupe with a big V8, a hard ride, and prodigious power which is now available with right hand drive for £45,000. There’s no doubt the Porsche is built to higher standards than the Chevrolet and that, curiously enough, is where my argument falls flat on its face. The more you pay for a car, the less reliable it will be. Unless it’s a Porsche.

Sitting on a Porsche

Jeremy Clarkson