2016

Febrero

box

Me siento gordo.

Y estoy gordo. Hace un año estaba maravilloso y ahora estoy gordo. En algún momento la vida se complicó y Box se convirtió en una cosa eventual antes que una disciplina. Si no hubiese aflojado, hoy sería aún más maravilloso; pero Igual tengo que cuidar el caudal de grossitud con que ilumino al mundo. Como sea, no tengo que dejar Box porque dejar Box me caga la cabeza y con la cabeza cagada como más y como mal. Como con la ansiedad de quienes no pueden controlar ni el presente ni el futuro y cuando estoy mal no escribo y no escribir me pone peor. Cuando salgo de Box siento que puedo lograr todo y tiene que ver con que entreno con un grupo de pendejos que pueden ser mis hijos. De hecho, Leia Skywalker y la Fesca eran parte de esa heterogeneidad de boxeadores, chicas malas y ex convictos buscando una salida. Con el Fantástico nos mirábamos mientras trotábamos en el frío de la tarde y nos preguntábamos, medio en joda, medio en serio “Para qué era que hacíamos esto?” y él me contestaba “huevos podridos y la salvación de la humanidad”. El Fantástico dejó el gym y eso no ayudó en mi disciplina y el forro no quiere volver. Es un hombre tormentoso y lo gobiernan sentimientos repentinos y devastadores. Ahora corremos de vez en cuando, pero no viene al gimnasio. Tener una buena pareja de gimnasio es como tener una buena pareja para coger; infrecuente y maravilloso. Con el Fantástico hacíamos abdominales sobre un neumático viejo, equilibrándonos; series de 30, ponele; y nos mirábamos y uno decía “cinco más” y el otro contestaba, “Vamos…” y le metíamos cinco más como si nada. Y en los días en que hacía ese frío del orto y daban ganas de quedarse en casa y uno de los dos aflojaba, el otro decía, “dale boludo vamos que sino con quien hago abdominales?”

Pero el Fantástico dejó y yo tuve una crisis en que iba poco a Box y le daba prioridad a cosas que no deberían tener prioridad y me puse más triste y más gordo. Ahora en Febrero, de a poco empecé box y fue maravilloso; pero no lo tengo al Fantástico. Ahora está OnePunchMan que es como un coach que tengo pero es tan joven y tan poderoso que si intento seguirlo me pasan cosas humillantes como lesionarme un aductor o algún otro músculo que me odia por ser tan viejo.

danza

Ahora empecé ritmos latinos. Me llevó una amiga que cree que puedo bailar y con quien mantengo una amistad serena de mensajitos de whatsapp. Si, ritmos latinos. No hay uno solo de mis amigos que no me trate de trolo y yo en mi grossitud, persisto. Y ojo que si querés bailar bien, tenés que ponerte en contacto con tu lado femenino. No lo hacemos nunca y está mal. Los tipos estamos tan poco acostumbrados a no aflojar que al final nos rompemos y hacemos pelotudeces. Los más afortunados se cagan la vida teniendo bebés después de los ´40 con una pendeja que conocieron en un lugar desastroso. Sé de uno que abandonó a media docena de hijos y se casó con una negra dominicana, lo que parece un buen plan pero es más bien un naufragio y una película con Francella.  A los que peor les va terminan con ansiolíticos o antidepresivos, en el límite de la locura como mi tío, que no aflojó nunca ni un centímetro y yo no sé si se volvió loco por eso o si no aflojó porque estaba loco.

Y miro para los costados cada vez que veo a los tipos que no podemos aflojar porque tengo una colección momentos durísimos en mi vida en los que no aflojé ni un centímetro. Pero aparece mi amiga que me salva y me dice: “Vamos a ritmos latinos” y como sólo le digo que no a la ensalada de apio,  le digo que sí a mi amiga. Me veo esforzándome por ser un poco más femenino frente al espejo, más descontracturado. Una de las chicas me dice: “disfrutalo” y tiene razón, porque me frustro cuando me equivoco. “Disfrutalo”, me dice. Me miro al espejo y me causo gracia, pero también lo disfruto a horrores. Transpiro como el animal que soy mientras suena una versión remixada de mambo nº5. Las chicas se ríen y hacen bien. Me equivoco y me canso y no me importa nada. Me anoto para el resto del año. Secretamente espero haber encontrado la forma de no romperme.

 

Marzo 

Descreo de  cualquier posibilidad de que un evento astronómico pueda influenciarme. Es una decisión política. Alicia cree, por ejemplo, que el eclipse de mañana la afecta y me afecta, aunque yo no lo acepte. Le doy abracitos para contenerla, boludeando y un poco en serio, porque se siente medio bajón de verdad y contra eso no puedo hacer nada más que contenerla un poco y hacerle algún mimo como decirle que está linda y que me gusta el color del esmalte de uñas (que es verdad, me gusta). Ella sigue trabajando y sonríe. No sé si funcione, pero siento como que estoy peleando contra el universo and it feels fucking good. Sep… sobre todo porque estoy en un momento de soledad monástica, de esos contra los que no se puede hacer nada. Cualquier intento por modificar ese status desemboca en desastre.

eclipse

Ejemplo: conozco a la Valkyria desde mitad del año pasado. Es bellísima y rara y cierta condición hace que nunca haya sido objeto de deseo para mí. Quizás es su necesidad de que la note diciéndome cosas lindas como que me quiere y que soy lindo. Sí, ya sé que todo eso es una luz roja. I know. Pero es esta mierda de la soledad monástica que es como un charco de aceite; negro e imperturbable. Le pasas un cuchillo y queda una huella que se pierde en medio segundo y vuelve a ser negro e imperturbable. La Valkyria fue eso. Un cuchillo que pasás por un charco de aceite. Y en la soledad te subís a cosas que no deberías subirte, porque estás al pedo. El Fallout 4 ya me cagó a palos. Los pendejos me tienen de hijo en el Call of Duty; no encuentro buenas pelis, (veo por vigésimosexta vez, Blade Runner); La lectura es un refugio, pero hay un punto en que sólo acentúa la soledad. Audrey Herpburn me mira como diciendo “estoy podrida de verte acá; comprate una vida muñeco”, los gatos no la caretean ni un poquito.  Entonces aparece la Valkyria con cualquier plan chino y yo me subo como si fuera una gran idea. Me olvido de las luces rojas. Voy en mi tanque por la estepa o el desierto y suena una luz roja en el tablero.  Teeeeet, teeeeeet!!!! No me importa; igual me arrojo al combate. Sé que no puedo ganar, pero igual me arrojo porque llevo meses de tedio y polvo. Así que sí; salgo con la Valkyria; No voy a llegar nada. Va a ser una escaramuza descalabrada para que a mí me quede claro que con ella no puedo. No hay drama, voy igual. Así somos los hombres de acción: vino, libros y munición; que nunca falten. Lo demás viene solo.

valk

No estoy seguro, pero me parece que por un momento creí que sí podía con la Valkyria, porque soy un pelotudo y  porque estoy en el medio de esta soledad monástica que me hace delirar.  No pude; ni cerca estuve… pero combatí con honor y me retiré entero, que tampoco está tan mal. Huí, en perfecto orden. Cuento las tropas y están todos. Hay heridos; siempre hay. Y la Valkyria se queda por allá, del otro lado de la colina pensando que ganó. Re típico de las diosas.

Pero no estoy taaaaaaaaaaaaan solo. Está Steph. A Steph la conozco desde pendejos cuando salí con una amiga de su hermana más grande. Años después; muchos años después nos encontramos, lejísimos los dos y en algún momento decidimos que había que encontrarse para coger. Desde entonces nos queremos mucho y recurro a ella para que me explique cosas que no entiendo de las mujeres. No es que funcione siempre porque las mujeres son un misterio para sí mismas; pero Steph si entiende a los hombres o al menos me entiende a mí y compartimos criterios en temas como Star Wars o la importancia de la soledad por sobre estar con un pelotudo. Tengo suerte de tener a Steph: es mi apoyo aéreo cercano. Me guió un poco en esto de la Valkyria; no es que lo necesitara porque están las luces rojas, pero está bueno poder hablar del tema con alguien. Steph me dijo: “Huí de ahí Salvador”. Es como la computadora de abordo del tanque. Un GPS con el que querríamos pasar el resto de nuestra vida. Me dijo lo que yo ya sabía, pero me señaló la luz roja en el tablero. “No tenemos munición para esto; no tenemos combustible,  decía la luz roja“;  “Huí Salvador”. Y los junté a todos y huímos y ahora la Valkyria es solo un cuchillo que pasó por un charco de aceite y las tropas están enteras.

m1 camello

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