Esteban Massimo Tartiagluzzi.

Es cierto; se trata de un caso particular. Tartiagluzzi es hijo de dos apicultores comunistas calabreses que huyeron a Checoslovaquia acosados por el fascismo.

Desatada la 2º Guerra mundial, Tartiagluzzi peleó para ambos bandos, más por confusión que por idelogía. Por su origen, fue asimilado por la inteligencia aliada para tareas de espionaje en el ejército Italiano, que desempeñó con desparpajo calabrés infiltrado como oficial no asimilado en tareas de traductor. Sus informes de inteligencia estaban enriquecidos en términos literarios de tal forma que llegaron a ser ilegibles, cuando no, poco confiables. Tartiagluzzi era amigo de la metáfora y describía, por ejemplo, un regimiento de tanques Fiat M15 como “El nido extático e infernal de una horda de dragones metálicos”. Fue finalmente censurado por su oficial al mando ( El excelentísimo Sir Edmund Walter Clarke, conde de Kensington) luego de calificar a una sección de la Brigada Folgore, estacionada por descanso en Creta como “Una batiburrillo de machos, ladrones, criminales y cafishos de la peor calaña”. La Folgore era una de las pocas unidades italianas cuyo valor era reconocido por los ingleses luego de los combates en los desiertos de Libia.

Los mandos aliados entendían sin embargo el valor de Tartiagluzzi. Poseedor de un carisma arrollador, se lo conocía como el mejor organizador de fiestas dentro del ejército italiano. Su hazaña más reconocida fue aprestar una orgía de proporciones épicas la noche anterior al desembarco aliado en Sicilia. Los italianos recuerdan aun hoy la acción como una mezcla de mito alegre y heróico. Tartiagluzzi introdujo a la fiesta la plana completa de enfermeras de un hospital militar alemán. Es tradición suponer que la deserción Italiana del Eje fue en parte una cuestión de polleras.

Después de la guerra Tartiagluzzi se estableció en Checoslovaquia donde se desarrolló como profesor de Historia, plomero y cineasta. Esta última faceta definió su destino. Activo participante de la Primavera de Praga, fue individualizado luego de la invasión rusa y sus actividades se limitaron a una resistencia intelectual, pero activa. Fue ahí cuando produjo el documental “238 formas de evitar ser comido por las pirañas”, que le dio título al posterior ensayo. El documental está ambientado en el Brasil pero filmando completamente en los Bosques de Bohemia, más precisamente en los afluentes del Labe. La digresión geográfica es irrelevante. El documental es una parábola sobre las formas en que la intelectualidad Checa eludía la abrumadora burocracia comunista.

Tartiagluzzi murió a los 83 cuando ejercitando su activa masculinidad con dos de las actrices de “El Titanic era una barco de mierda”; último documental apócrifo sobre los desafíos que implicaban la caída del muro de Berlín.

 

Marzo

Ayelén llegó a mi vida como un bálsamo sanador. Puso comprensión sobre mis heridas y se acurrucó en las capas múltiples de mi soledad. Me sumergí en ese cariño con esperanza y nos separó la realidad de intereses ulteriores opuestos. Ayelén quería ser madre. Mi calidad de padre, cierto gusto por el cine de animación y sobrinos que me creen Indiana Jones dan el mensaje de que yo podría encarar un proyecto familiar. Pero yo ya tengo familia.

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Ayelén lo entendió pero nunca lo aceptó. Me dijo que sí a todo. Aceptó mis negativas, las chicanas emocionales para sacarla de mi vida, cierto status anónimo y por ese desencuentro éramos parcialmente infelices. Esas incertidumbres también prolongaron el amor, que en términos estrictos está hecho de incertidumbre. Un día definió que no la amaba e inició otra vida. Una vida mejor.

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El 2 de marzo Ayelén estaba en casa y yo estaba cocinando después de una conflagración física cuando un sobre de papel de buena calidad pasó bajo la puerta. Cada tanto nos proponemos horas de sexo sin sentido en el que me asegura que soy el hombre de su vida y yo me siento tentado a creer que ella es la mujer de la mía.  Después vuelve a la serenidad de su hogar, con su esposo y su hijo. El sobre contiene una invitación de casamiento. “Bárbara y Roberto” dice en dorado. -“Como me gustaría ir con vos”, me dice Ayelén. Le contesto que no le conviene. Que si me ve bailando “Fiebre de sábado por la noche” no lo va a soportar, que se va a enamorar aún más perdidamente de mí y que la integridad de su familia correría peligro. –“Vos hacéme un gesto y yo me mudo acá en 5 minutos con Nico y todo”, me dice con una sonrisa mordaz.  Nico es su nene. Un pendejito divino.

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El 25 de marzo elegí una corbata lila oscuro; Un Saint Laurent con rayas en gris sutiles, adquirido para la ocasión y unos zapatos que se deslizan solos. Fui en taxi para emborracharme apropiadamente. Llegué a lo que fue una bodega en Maipú, transmutada a salón de eventos. Lindo lugar. Un poco recargada la idea de lo vintage, pero bien iluminado y arreglado. Me dirijo a la barra de tragos. Mojitos y Campari con naranja. Contra todo pronóstico el mojito está preparado con respeto. Abrumo al barman con una propina desproporcionada. Va a ser una buena noche.

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Me toca una mesa con primas y primos de Bárbara. Todos de Rivadavia. A mi lado está Jorge, contador, extrovertido y charlatán. Facilitado por el alcohol, nos hacemos amigotes en cinco minutos. Del otro lado está Silvana, médica pediatra. En sus 30 y divorciada. No es linda pero sabe arreglarse. –“Ahhhh, vos sos Salvador”, me dice. “Barbi me contó de vos. Sos el vecino”. Baja la voz y hasta me da la impresión que guiña un ojo. Suena la música  y entran los novios. Eligieron un tema de Clapton para entrar. “Change the world”: “Si yo fuera rey aunque sea por un día, te haría mi reina”, dice. Lindo tema. Y yo le creo. Hoy y con 3 mojitos en el sistema, elijo creerle.

Bárbara está hermosísima. Me tira un beso la boluda, y se la ve feliz.

En la cena quedé comprometido para un asado con Jorge, en Rivadavia; y para ir al cine con Silvana. No sé decir que no a nada.  A los dos los conquisté con el truco de la barra. Un gesto al barman, que me ama y tengo mojitos que salen de la muchedumbre directo a mí.

Por supuesto, salgo a bailar el vals con Barbi. –“Boludo como se me paran los pezones de verte en traje” y se caga de risa. Esta es una buena noche. -“Ojo con Silvanita, que le gusta la pija más que vivir” me dice y me tira los pelos a la altura de la nuca.

–“Estás hermosísima B.” le digo sinceramente.

_”Cortála boludo, que me mojo”, me dice con su sonrisa de vals.

No volví a hablar con Barbi. Me emborraché y bailé con Jorge y con su esposa Laura. Me rodearon unas primas simpatiquísimas que me apoyaron las tetas, el culo, la cara e incluso una me pasó las manos por los pezones durante “Like a virgin”. Hacia las 6 de la mañana yo ya soy un desastre. He bailado descontroladamente y sudado acorde. Tengo los cabellos mojados y desgreñados. La camisa completamente empapada. Húmeda no; empapada. Créanme. Hace una hora que solo tomo Coca, para no volcar. Eso es sabiduría, manga de chimpancés. Aun así, perdí de vista el saco y la corbata.  De la nada aparece Silvana. Tiene los zapatos en la mano pero se la ve impecable. Bailó conmigo alternativamente, compitiendo con sus primas que tienen menos edad y menos disciplina. Me dijo un par de cosas en los momentos que logró acercarse durante los interludios en que bailé con el primo Jorge, medio haciéndonos los putos con Laurita,su esposa, navegando la vergüenza pero que que ríe.

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– “¿Vamos a desayunar a algún lado?”, me dice Silvana y mi me parece una idea espectacular.

_ “Encuentro mi saco y soy todo tuyo”.

_”Ya sé dónde está tu saco. Y la corbata. Ya sos todo mío”.

Febrero

La épica.

En septiembre de 1974 Adamancio Esteban Lucask protagonizó una revuelta sindical entre dos alas de la derecha peronista. Una perdigonada en las nalgas le inspiró dos cuestiones existenciales: que la muerte le era esquiva y que su papel de delegado sindical de una pequeña empresa de soldaduras de aluminio en Maipú le era insignificante.

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No sin cierta confusión, resolvió unirse a la epopeya vietnamita por la unificación de un país. Participó en la toma de Saigón en el `75 como parte de un regimiento de infantería acorazada y luego fue tomado prisionero en una escaramuza sobre la frontera con Tailandia. Sus captores eran los despojos de un equipo de reconocimiento de la CIA formado por mercenarios chinos y asesores estadounidenses. Al  ser reconocido como un no oriental se lo consideró con un trato distintivo. Suponiendo los americanos que era Ruso o Cubano, no recibió ninguna clase de tortura convencional. Sí fue violado sistemáticamente por los mercenarios chinos y por una sección de morteros del ejército tailandés, durante 20 días.

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Jason Morales, un agente de la CIA que recordaba algo del castellano de sus padres portorriqueños, reconoció algunas de las puteadas de Adamancio Esteban Lucask y lo socorrió en esa circunstancia. Ser argentino en ese conflicto era ser un problema diplomático insondable y fue devuelto durante una inserción tras las líneas a territorio norvietnamita, donde sí fue torturado por la inteligencia militar de Hanoi, que lo asumía un doble agente. Sorteado el malentendido le fue otorgada la medalla de la Orden de Ho Chi Minh.

Cuando regresó a Mendoza en el `78 era otro hombre. El 11 de junio asistió con desgano al partido Holanda-Escocia. Ese episodio y el mundial completo, incluso la victoria final,  le parecían nimiedades. Solo se conmovió cuando conoció a Isabel, la hermana de su amigo Ricardo.  Acurrucó en ella lo poco que le quedaba en el alma y en el `79 nació Victoria; que tuvo en mi vida el efecto de un escopetazo en el culo, como el que recibió su padre y  determinó su destino.

Conocí a Victoria Lucask en un casamiento en el que acompañé a una amiga. Una de esas amigas con las que uno tiene una historia y en algún momento se resuelve por la negativa. Quedé como ese amigo al que lo llaman porque no tienen con quien ir a casamientos y fiestas de fin de año.  Y a mí me encantan los casamientos, así que me pongo un Hugo Boss muy violento,  entro como si conociera a todo el mundo y soborno al barman para, con solo un gesto lejano, tener un trago perfecto a la mano durante toda la noche. La condición de acompañante brinda impunidad para coquetear con las amigas de la novia que vinieron solas a la vez que somos codiciados, porque estrictamente hablando, no estamos solos.

No estoy seguro de que haya sido casual pero estuvimos sentados juntos y yo me enamoré. El pelo negro, los ojos oscuros, culito chiquito y lindo. Tacos salvajes. Hablé de absurdos seguramente, porque cuando uno se enamora no tiene remedio. Hace todo mal. Sí en cambio fui un dios del baile, yo y mi camisa italiana completamente transpirada  en esa noche tormentosa de marzo.

“Me encantó conocerte”, le dije cuando me fui, como una tarado; y no le pedí ni un número ni nada porque la impunidad de acompañante, existe como tal,  pero  tiene límites sutiles. Sépanlo, manga de chimpancés.

Me las arreglé para conseguir su mail. Facebook estaba apenas entrando en nuestras vidas. La contacté con la excusa de una foto. Absurdo. Absurdo total.

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Habremos chateado y quedamos en algún momento para salir. La invité a cenar afuera y me esquivó. Yo quería amarla y ella quería garchar. Solo quería quedarse en mi departamento, no para seducirme si no para exigirme mi sangre y mis fluidos y para destruir mi alma.  Y yo se lo permití por supuesto.

Febrero.

Era Febrero y Bárbara se había ido a algún destino grasa tipo Punta Cana o Cancún en plan all inclusive con su novio bodeguero. Yo sistematizaba mis días de pelopincho y libros con perseverancia monástica.  Hasta que apareció Victoria Lucask. Aunque hace ya un par de años rechacé sus planes de expansión militar sobre mi vida (a un alto costo), ella siente que tiene cierta soberanía.

_ Tengo muchas ganas de que me chupes el culo, gordito.

_ Gordito tengo el trozo. ¿Cómo estás? Yo también te extrañé.

_ Bien. Pero estoy sola y aburrida y si, te extraño. ¿Vos estás solo?

Le dije que sí como un imbécil.

_Voy para allá a la tarde.

En términos físicos era la chica indicada. Nuestro fracaso fue emocional claro; pero también de intereses e inició cuando me prestó un libro de Osho y continuó con incomprensiones mínimas pero fundamentales. Solo nos quedaba un sexo desencontrado y la obnubilación que aun me produce su cuerpo.  Un hombre débil. Por eso le dije que estaba solo, dándole luz verde a sus exigencias.

Preparé un escenario cuidado pero que implicaba desinterés. Un par de vinos en la heladera. Rosados. Unos quesos, unas frutas y helado. Ella llegó arrasando.

_ Boludo estoy cagada de hambre, pero cogéme primero. Tengo muchas ganas de coger.

Se entiende lo que pasa acá, ¿no? Victoria no pretende seducirme. De alguna manera entiende que solo con mostrarme un hombro voy a estar atento a lo que necesite. Y tiene razón.  En algún momento me explicó que sus orgasmos son poco frecuentes y para mí se convirtieron en una prioridad. Ella entra a mi casa y aunque pretendo amarla en términos de igualdad, algún mecanismo me lleva a relegarme para buscar su felicidad. Si bien es bellísima, Victoria en la cama es una pelotuda. Chupa mal la pija, que entregue el culo es un drama y navega en una incapacidad emocional para emitir cariño físico. Pero ella aparece y yo me sumerjo en una maratón frenética para que su clítoris explote; y yo la paso horrible. Y ella vuelve reclamando esa fidelidad, esa perseverancia. Y yo le doy todo lo que me pide.

Esa circunstancia se prolongó una semana y atenuó mi soledad  pero también la perturbó. Inventé la visita de un amigo de Córdoba porque Victoria ya me había sacado todo. Otra vez.

Hacia el 25 de febrero suena el timbre. Es Bárbara. Entra y sin decirme nada me abraza y le salen lágrimas. No llora. Le salen lágrimas.

_No sabés la verga que es Cancún.

_Yo te dije.

_ No traje nada para tomar.

_Tengo.

_ Necesito que me cuentes sobre el origen de Linterna verde o que discutamos las posibilidades prácticas de la teletransportación.

_Tengo una peli coreana de un monstruo mutante que rapta a una piba. ¿La vemos comiendo helado?

_ Salvador, sos el hombre perfecto.

_ Es cierto.

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