Enero.

No sin cierto morbo, el 30 de diciembre de 2008 corté con Rebecca. Corté porque era la clase de chica que le gusta a mamá, porque no me entregaba el culo y porque el calor me pone de mal humor. La soledad fue un alivio y un desconcierto. Decidí comprarme una pelopincho; chiquita, como para que sea fácil de limpiar y llenar.  Cerveza y un libro. Enero iba a ser eso.

Me voy al Wallmart tipo 2 de la tarde porque a esa hora la monada duerme la siesta y está tranqui. Hacen 258ºC: los perros que me cruzo están metidos en el agua. Una compulsión canina muy mendocina. En otras ciudades los perros simplemente se cagan de calor.

Vuelvo, torpe, con un paquete enorme al borde del shock por calor. Entro al palier y me  intercepta Bárbara, mi vecina. La gordita de arriba.

_¡Qué lindo te compraste una pile!

_Sep. Me pudrí del río del orto que no tiene un puto árbol y de las piletas con pis.

_Avisame cuando la llenes así me invitás a tomar sol.

_Daaale… Venite mañana y listo.

_¡Me encantó!

Después de esa charla mogoliquísima, armé mi pile con mentalidad egoísta. Se llenó rápido; le puse alguicida, (si la hacemos la hacemos bien) y cloro. Leí al sol, que es la única forma en que puedo estar quieto al sol. Releí a Borges en su ensayo sobre el Martín Fierro y un libro mínimo de ediciones Osprey sobre los Chasseurs a Cheval de la guardia.

A las 20,30 de la noche entendía los aspectos según los cuales la  poesía gauchesca inició y terminó con Hernández y la disposición en anillo defensivo que ejecutaban los Chasseurs al detenerse el carruaje del Petit Caporal. Una tarde maravillosa.

Me ilumino y dispongo una forma para traer el televisor y la play al lado de la pile y jugar al GT4 y al Resident Evil 4 que me tiene del orto.

Soy un Geño. Me acompaña una Corona apoyada en el esquinero de la pile. Juro no ir más a la Arístides. Se me hacen las 00:23 y me debato entre irme a la cama caliente o quedarme un rato más arrugándome las pelotas y terminar otro nivel.

No da, pero me voy a dormir. Mañana hay que laburar. Pero es enero: voy a hacer como que laburo.

 

Vuelvo del yugo y me esperan la pile y dos libros: “El Afrika Korps” de K.J. Macksey, un tratado conciso pero estricto sobre esa épica y “Livro do Desassossego” de Pessoa, que leo en portugués, porque soy un grosso. Para el atardecer entiendo que la derrota de Rommel fue primero una imposibilidad logística y que Pessoa (que es de lo mejor que leí en poesía) está bueno para levantar minitas medio emo.

Suena el timbre.

Me hago el pelotudo, porque estoy en bolas metido en la pile y porque me disponía a matar zombies en la Play y porque es probable que moje el living solo para atender a un monigote que vende escobas. Suena otra vez. Ok… Me pongo algo que tengo a mano, abro y es Bárbara. Creo que es la segunda vez que me pasa esto de decirle a alguien, “venite después”, asumiendo que no va a venir, pero se aparece. La primera fue en el `93.

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Bárbara  apenas viste short de jean, ojotas, top de la bikini roja. Buenas tetas. Culo grande, rollitos asomando. Dos Corona de las grandes en la mano. Bien ahí.

­_¿Eh como andás? Pasá.

_Cagada de calor estoy boludo, metámonos a la pile.

_Dale.

Bárbara tiene esa cosa abrumadora de las gorditas: la seguridad de las tetas grandes y la desfachatez del mito de putonas. Se saca el short y se mete, abriendo primero una cerveza. Hablamos de todo. De los noticieros, de libros, de pelis. Sostuvimos una discusión según la cual a mi Harry Potter me parecía una cagada. Mi argumento sostiene un error estético según el cual si a un pendejo que entra a una escuela de magia le dan una varita de madera para canalizar los Abrakadabra, debería haber un correlato físico a medida que aumentan sus poderes. Por ejemplo un grosso como Voldemort debería usar un báculo o cetro o algo más interesante que un palito de madera que le dan a los pibes en 1º año de Hogwarts. Afirmo dando de ejemplo a Gandalf que cuando es Gandalf el gris tiene un palo largo todo nudoso y cuando se convierte en El Blanco aparece con un báculo de marfil muy cool. Además carga una espada muy heavy. Eso es un mago. Me dice que como soy hombre me fijo en esa clase de aspectos fálicos. Le digo que en general Harry Potter me parece un choreo barato. Que soy fan de Star Wars y que los sables de luz son lo más y que Obi Wan a Voldemort lo parte como un queso mantecoso.

_Culiado me voy. Es la 1:30 y yo hablando con vos de espadas y magos. Mañana vengo.

_bueno, te espero.

En al laburo se rompió el aire acondicionado y hacen 39ºC. Vuelvo a casa desvastado. Me meto con Brooklyn foolies de Paul Auster (lo leo en inglés porque soy grossísimo) ; el final me desconcertará más que cualquier otro libro del autor. Tanto que decido dejar de leer a Auster. La idea de la pileta  es la mejor idea que he tenido en años. Habré leído 4 capítulos cuando cayó Bárbara. Trae una botella de ron, limones y una bolsita con menta. Qué clara la tiene.

_Decime que tenés hielo.

_Mucho tengo. Hago hielos con los tupper y los voy juntando.

_y yo que pensaba que eras un boludo.

_Vas a hacer unos mojito, hija de puta?

_No, voy a cocinar una paella.

El alcohol y las discusiones absurdas de la noche anterior lubricaron la confianza entre nosotros. Me meto mientras ella aborda la cocina. Incluso usa un mortero que me trajo mi ex de Perú que yo ignoraba. Una grossa.

Se mete a la pile con los dos vasos. La misma bikini roja.

_Vos y yo deberíamos coger, así me puedo meter en bolas.

_No hace falta que garchemos para que te quedes en bolas

_Pero me da cosa que me veas las tetas si no cogemos.

_Que boluda sos.

_Bueno, también tengo ganas de coger.

_Boluda te puedo citar así no más, tres razones por las cuales no deberíamos garchar.

_No me interesan pero por curiosidad decímelas.

_Primero: sos mi vecina. Tener una amante de vecina es para quilombos. Segundo: acabo de salir de una relación. Estoy emocionalmente sensible (las mujeres creen que no, pero los hombres sufrimos). Tercero: estoy escribiendo esto para el Mendolotudo y los relatos sexuales me tienen las bolas chatas. No quiero caer en ese recurso para que me aplaudan un par de postadolescentes pajeros.

­_Yo lo único que  te digo antes de que termine enero vos y yo cogemos.

_Me voy a matar a pajas así no me hacés caer.

Se sacó el top de la bikini con cierto gesto, para ver que me pasaba. Soy un hombre sofisticado, no un chimpancé sin pelo. Miré descaradamente, porque la discusión me lo permitía, devolviendo el gesto de superación.

_Buenas tetas.­

_Ya lo sé, gracias. Hacéte la idea de que las vas a tener en la cara en algún momento.

_Bueno.

Esa tarde se quedó solo hasta las 11. Se puso la remera y se llevó el top de la bikini en la mano. La tarde había sido un interrogatorio sobre mi ex y mis ex  anteriores. Y sobre mi ex esposa. Ella preguntaba, yo contestaba. Averiguó los detalles escabrosos y yo se los conté, porque Bárbara, aunque vive arriba mío, está fuera de mi mundo. No conoce a mis amigos, ni a mi familia ni a nadie. Es buena charla la gordi.

 

Hoy es sábado, calor del orto. Busco varios libros en la biblioteca para variar con el que estoy leyendo de Auster. Hacia el mediodía encuentro un error en la ilustración de un libro sobre francotiradores. Un tirador selecto del RI25 en Malvinas armado con un M21 con visor nocturno que hasta donde sé no estuvo nunca en servicio. Subo la ilustración al foro de Zona militar para preguntar qué onda. Mientras, almuerzo un sándwich de pollo, tomate, lechuga y aceitunas. Uno del foro me dice que muy probablemente el autor confundió el M21 con alguno de los Garand-Beretta que tenía la infantería de marina. Ok…A partir de entonces empezaría a dudar de todo.

Hacia las 4 de la tarde aparece Bárbara, short, remera y en patas. Viene con una caja en la que hay dos sidras, un champagne y un Ananá fizz. Mete todo en la heladera, se saca la remera (no tiene el top), el short y se mete a la pile.

_que bueno que me voy a broncear las tetas. Estoy chocha.

_Ves que con hablarlo ya estaba.

_Si, igual me jode que no quieras coger.

_No es que no quiera… Cambiemos de tema, ok?

_Ah entonces me tenés ganas.

_Viste algo copado que den en el cine?

_Están dando una de un libro de Jane Austen con Keira  Knightley.

_Tengámosla en agenda.

_Son las 4 ,40 de la tarde. A las 8 quiero estar revolcándome con vos adentro.

No dije nada, porque hay un punto en que los hombres intuímos a la sensibilidad femenina al borde del colapso de la misma forma en que  los animales perciben un terremoto. En general, no tenemos el nervio para enfrentar esa circunstancia.

Hacia las 7 de la tarde una serie de nubarrones oscuros interrumpieron una charla sobre comida peruana. Nos metimos con los primeros gotones más que nada por el tema de los rayos. Bárbara en tetas, me  agarró de la mano y me llevó a mi habitación. Me besó como si me amara. El debate físico a continuación fue motivador, extenuante y duró lo que duró la tormenta. Hacía ese calor de las tormentas de verano. Ni nos dijimos nada y nos metimos en la pile que era como una bendición.

_Como me cogiste putito; ¿viste la que te ibas a perder, no?

_Te aprovechás de un hombre sensible.

_Seh, seh…

Me asaltó sexualmente en el sofá, antes de irse, asumiendo mi permiso. A Bárbara no se le puede decir que no. Me metí en la pileta otra vez. Esa noche dormí sin sobresaltos y sin apretar los dientes.

El domingo, Bárbara no apareció. Dediqué esa soledad a una serie de volúmenes sobre la guerra de Indochina. Me distendí releyendo una novela gráfica de la Doom Patrol escrita por Grant Morrison. Los americanos debieron verla venir; Morrison es un geño de los geños. Al atardecer perseguí records en carreras de 25 vueltas en el GT4.

El lunes Bárbara apareció con un kilo de helado en  la mano.

Lo metió en el congelador y se sacó la remera.

_Después te lo pongo en la pija y te lo chupo. Ahora no, hace mucho calor.

Hice un gesto de aprobación.

_¿Me extrañaste ayer putito? Me fui a la pile de una de las chicas.

_Mínimamente. ¿Cuál?, ¿la hija del bodeguero que tiene perturbaciones alimenticias?

_Esa. Se murieron todas con mis tetas bronceadas.

_¿Vos venís a mi pelopincho cuando una de tus mejores amigas tiene pileta?

_Si, mirá: vos sos más interesante para charlar, sos raro (la palabra no es raro pero no me sale), pero interesante; mis amigas tienen unos novios que son unos mogólicos y además vos estás más cerca de mi casa.

_Ligeramente excéntrico es el concepto que buscás. Motivos demoledores, claro.

_Y con vos cojo._ Me dice mientras me mete una mano en el culo con un dedo invasivo.

Esa tarde Bárbara me acorraló hasta que tuve que preguntarle sobre su vida sentimental. Supe que tiene novio. Un gordo bodeguero que maneja una audi re cabeza y que la quiere para casarse, tener hijos y quedarse en la casa dándole latigazos a las mucamas mientras el se estressa todo el día y la coge mal los fines de semana.  Bárbara tiene planes menos estrictos.

_Yo podría pasarme el resto de mi vida haciendo esto Salvador. Viniendo a tu casa cuando salgo de trabajar, tomar algo, hablar de pelotudeces y que me arranques el clítoris a chupadas antes de irme a dormir.

_Es un plan tan bueno como cualquiera.

_Voy a hacer eso.

_Bueno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10 formas de morir en el enero mendocino.

1. El 1º de enero tu primo Maikol acciona una cañita voladora tan chota que sale para cualquier lado y se te mete en un ojo. Morís por una infección que te llega hasta el cerebro. Sos la primera víctima de Maikol a quien se le revela un destino psicópata.

 

  1. Un travesti deshidratado que hizo horas extras en la Rodríguez Peña, alucina que somos una cucaracha  gigante. Nos apuñala con un taco y morimos de septicemia generalizada, 20 días más tarde.

 

  1. Tutuli, el choquito de mamá se mete a refrescarse en un zanjón de los grandes y se lo lleva la corriente. Como sos el héroe de la familia vas al rescate y te ahogás enredado en lamas y basura en el rechupe de una compuerta.

 

  1. Tus primos de San Juan (todos los mendocinos tienen un primo en San Juan pero no lo comentan) vienen de visita y tienen la originalísima idea de ir a hacer rafting a Potrerillos. Es Enero y el río que es siempre una cagadita, ahora viene hasta las tetas, marroncito y amenazador. Tu tía Amalia, la gorda que hace unas semitas horribles es la primera en caer. No la rescatás porque ya aprendiste después de lo de Tutuli y no querés morir otra vez. Un equipo de rescate de buques saca a la tía Amalia en el invierno. Está igualita. Es sanjuanina pero no deja de ser una muerte.

 

  1. Durante una tormenta la rama de un árbol cae a 10 centímetros de tu cráneo y un rayo despedaza a un señor con bastón que  esperaba el bondi juntos a nosotros. Caemos en una boca de tormenta destapada que no percibimos en la calle anegada. Encuentran el cadáver 3 días más tarde que ha sido usado por las ratas como balsa de rescate, como sustento durante el naufragio y ahora que bajó el agua somos su madriguera. El culo es la entrada principal. Un giro arquitectónico típico de los roedores.

 

  1. Dos negros en moto con neones, cumbia al mango y haciendo picadas te atropellan quebrándote las piernas, la cadera y el cráneo. No morís, pero la posta es que hay cosas peores que la muerte.

 

  1. Tu novia y su hermana te convencen de ir al Carrizal. Metés el auto en un lugar que ellas te señalan. Se entierra hasta los vidrios. Morís de insolación y de sed al octavo día al negarte a abandonarlo porque sos un mendocino cabeza de pistón  que cree que un Gol del `91 define su vida. Merecías morir.

 

  1. A tu novia le llegan 3 invitaciones de casamiento para marzo (la monada se casa en marzo) de la Chachi, La Lali y la Maru, tres brujas que odia, pero son sus amigas. Le agarra ese desasosiego femenino que arrolla con todo y empieza a meterte presión. Te suicidás para eludir esa circunstancia; y hacés bien.

 

  1. Vas a comer unos lomos con tu novia a un lugar en Maipú que te dijeron que es buenísimo. El concepto de cadena de frío es ajeno a los propietarios y la mayonesa y la “salsa secreta” del local conspiran con salmonella y botulismo. Morís en el Bondi de vuelta; el golcito sigue en el Carrizal.

 

  1. Se fueron todos de vacaciones menos vos. Incluso tu novia que te pidió “un tiempo”. Morís de soledad sobre el asfalto caliente de una calle de Godoy Cruz.

 

  1. Bonus track (sin otro motivo que ilustrar con Breaking Bad): vas de picnic a Lavalle que en enero está hermoso y te encontrás con Heisenberg, cocinando. Te mete la cabeza en la chimenea y vomitás los pulmones y el estómago.

 

Mi amigo; Bob Saccomano

Chindit

A los 43 leí que los Chindit dejaban de lado a todo aspirante que tuviera más de 40 años. Así, amargamente entendí que no estaba capacitado para misiones tras las líneas enemigas. Que ya no podría ser un Chindit.

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Los Chindit son una de las unidades más extremas de las que ha enumerado la segunda guerra mundial. Tuvo que ver el escenario en el que fueron desplegados (la más feroz de las junglas birmanas con las tropas japonesas como enemigo) y también el hombre que  los creó.

Liberador de Etiopía y caudillo en Palestina, el general brigadier Orde Wingate desmesura el concepto de excentricidad. Más allá de cierta características pintorescas y una propensión a romper reglas sociales estrictas (no era raro que apareciera desnudo en el casino de oficiales de El Cairo y era común verlo  comer cebollas como quien come una manzana), Wingate era extravagante desde un punto de vista militar. Los Chindits fueron el producto más refinado de la mente de Wingate. Un ejército tras las líneas enemigas, abocado a tareas de disrupción y sabotaje, abastecido a través de un puente aéreo.

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General Brigadier Orde Wingate.

La campaña

Desde la India, los Chindit marcharon en pequeños contigentes desde Manipur hasta el centro de Birmania atravesando las líneas japonesas. Su misión era principalmente la interrupción de líneas ferroviarias y eran abastecidos a través de paracaídas y pistas improvisadas en el medio de la jungla. Esta dinámica impuso que la comida fuera siempre escasa (la munición tenía prioridad)  y de no muy buena calidad, ya que estaba basada en raciones de combate. Las largas marchas, la jungla, las enfermedades tropicales y el acoso del enemigo hicieron de los Chindit un ejército de fantasmas. La tasa de bajas entre las tropas era alarmante. Habiendo cruzado el río Chindwin en Febrero, para Abril, un tercio de los 3000 hombres desplegados habían muerto ya sea por el fuego enemigo, por las enfermedades o habían sido hechos prisioneros. De los sobrevivientes, al menos 600 ya no estaban aptos para el combate. Habían recorrido a pie y combatiendo 1600 km de uno de los ambientes más exigentes de planeta. Este grado de desgaste determinó que los Chindits actuaran solo desde el `43 al `44.

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Suministros vía aérea para los Chindit en lo más profundo de la jungla birmana.

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Los hombres

La denominación original era “77º  Indian Infantry Brigade” pero eran los Chindit; una corrupción que pretendía referir al Chinthé una bestía mítica común en los templos  birmanos.

La mitad de los Chindit eran británicos (así como todos los mandos); el resto eran Ghurkas y Birmanos del “Burma Rifles” que lograron retirarse a la India en el 42.

Eran soldados comunes entrenados para circunstancias extremas. Cargaban a través de la jungla con 33 kg de equipo que proporcionalmente era más de lo que cargaban las mulas en las que trasportaban el equipo de apoyo.

Los Chindit se sabían una élite ya que era parte de un esfuerzo ofensivo que determinó que cayera el mito de invencibilidad del soldado japonés, dando un impulso fundamental a la moral británica (que por entonces había  tocado fondo) de la misma forma que pasó con los Commandos que incursionaban en la Europa ocupada.

Wingate y su carisma de oficial de alta graduación pero cercano a las tropas, tuvo que ver para que el espíritu Chindit se impusiera en la campaña. Era una postura estudiada, pero también era una actitud cierta. Se presentaba frente a los hombres con su anticuado casco Wolseley, cierto aspecto desalineado y un Enfield terciado en la espalda, pero también cruzó el Chindwin junto a la brigada como cualquier otro Chindit. Cuando murió en un accidente aéreo en el `43, los Chindit perdieron a su mentor y principal defensor. Los mandos no tardaron en usar a los Chindit en misiones para las que no estaban preparados como la defensa estática y misiones normales de infantería.

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El Chindit y su equipo mínimo.

 

El soldado japonés del teatro birmano.
El soldado japonés del teatro birmano.

 

Las armas.

El infaltable SMLE (Short magazine Lee Enfield), el Subfusil Sten y en menor medida Thompson poblaban el arsenal Chindit. En algún momento la carabina 30. M1 era lo más apreciado dentro la unidad por su precisión, fiabilidad y pequeño tamaño. La ametralladora Bren era la columna vertebral del fuego de apoyo inmediato, tarea que se pretendió auxiliar con el fusil antitanque Boys de 14 mm. Debemos suponer que fue pronto descartado por su volumen, peso y poca practicidad, cualidades que la jungla habrá acrecentado. El mortero de 2 pulgadas era una opción más razonable. El arma antitanque Piat y el Lanzallamas Lifebuoy fueron usados eventualmente.

Las  granadas Mills, el Webley y el cuchillo Kukri eran también parte del equipo. Este último arma que los  Ghurkas no dudaban en usar cuerpo a cuerpo, era también una herramienta para todo; desde cocinar, a cortar leña y excavar.

El apoyo lo hacían las ametralladoras Vickers refrigeradas por agua y los morteros de 3 pulgadas.

La radio para pedir apoyo aéreo debe contarse también, acaso como la más poderosa de las armas que la 77º tenía a su disposición.

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El final

En mayo del 44, formalmente bajo las órdenes del general americano Joseph Stillwell, los Chindit fueron obligados a ejecutar la toma de posiciones japonesas muy bien defendidas. Sin el apoyo de artillería ni tanques las bajas eran atroces, llegando al 50%.  Algunos de sus mandos cerraron el contacto de radio y se retiraron a Kamanig, donde residía el cuartel general de Stillwell. El juicio marcial que les era pertinente, fue revocado al conocer el general americano las condiciones en las que los Chindit habían combatido.

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Luego de que la brigada 111º  tomó la colina conocida como Punto 2171, los  Chindit habían dado todo de sí. Por insistencia del Lord Comandante, Almirante Louis Montbatten (el alma máter de las operaciones especiales) se ordenó el exámen medico de la 111º. De 2100 hombres solo 119 estaban aptos para el combate. Los unía la disentería, la malaria y la desnutrición.

Esos 119 hombres continuaron peleando como la “Morris Force” al mando del teniente coronel “Jumbo” Morris; superando el límite de sus fuerzas en misiones que los excedían y acrecentando el mito. Para Julio del `44 solo 25 podían combatir. En Agosto, el último Chindit abandonó Birmania. Para Febrero del `45 la unidad fue disuelta formalmente.

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La mística

Durante el la operación Thursday, el teniente George Cairns inició la mística de una unidad tan efímera como significante. Generada una lucha cuerpo a cuerpo en el combate de la Colina de la Pagoda, a Cairnes un oficial  japonés armado con una katana casi cercena su brazo. Cairnes lo mata con su Webley y toma el mismo sable matando un japonés e hiriendo a otros. Una última carga Chindit definió el  resultado de esta batalla de características medievales. Cairns murió por las heridas (dos bayonetazos se agregaron al brazo que colgaba de un pedazo de músculo) y le fue otorgada la Cruz de la Victoria, post mortem.

La desilusión atroz de no saberme un Chindit estaba alimentada primero por una historieta. En los 70`s Robin Wood escribió sobre ellos para la revista D`artagnan; Rezzónico los dibujaba. Wood los reflejó a través de una subunidad multinacional (no puedo confirmar que algo así haya existido) donde  un oficial australiano, un suboficial indio, un experto en demoliciones americano y un soldado escocés, que aunque  inverosímiles, hacían justicia a la mística Chindit.

Esa mística aún me persigue.

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Chindits, de Rodwin Wood y Rezzónico.

 

 

 

 

 

 

El sable roto

El nombre es Rudecindo Sosa Luna y es cabo primero de Granaderos. Se  unió al Ejército de los Andes en agosto del `15 con el 4º escuadrón desde Buenos Aires. Alojado en el Plumerillo, a una legua de Mendoza, conoció en los permisos a Cándida Jacinta Echagüe; una mendocinita de 17 años de pelo negro y ojos profundos. La relación se basó en la ternura, los gustos en común y los paseos por la ciudad en la primavera mendocina. Rudecindo se sabía enamorado pero también ocupaban sus días la instrucción, los preparativos y finalmente el combate en una serie de enfrentamientos a través de la cordillera, a modo de antesala de Chacabuco. El 24 de enero bajo el mando del mayor Martínez participó del combate de Potrerillos y el 4 de febrero en el de Guardia vieja. Por lo accidentado del terreno fueron escaramuzas protagonizadas por la carabina, actuando los granaderos en su papel de dragones, como jinetes desmontados. El sable de caballería modelo 1796 y el caballo sí serían épicos en Chacabuco. 200 corvos se quebraron por el ímpetu de las cargas en esa llanura. Una de ellas sería la hoja del cabo primero Rudecindo Sosa Luna, que aún partido, ejecutaría una condena.

Al volver al Plumerillo para el despliegue final, Rudecindo supo por un conocido que la Cándida había desaparecido. Un espía español que se hizo pasar por suboficial del 7º de Cazadores se la llevó a Chile cuando se apercibió descubierto. Y se dio que Rudecindo sabía quien era el indigno porque le habían mentado que le gustaba la Cándida y lo había visto rondando a la joven en Mendoza. Era un tal sargento Alderete, que se hizo el desentendido cuando Rudecindo, su uniforme de granadero y su sable aparecieron. Y él que sabiendo no hizo nada para no faltarle al regimiento, decidió que la batalla sería también una búsqueda.

Chacabuco fue para Rudecindo un sueño frenético. El 4º escuadrón cargó junto con la escolta del General, al mando de Necochea, por el flanco izquierdo del asalto ejecutado en el cerro Chingüe por el Batallón 1 de Cazadores. La carga interceptó a la caballería realista en retirada y terminó en una batería donde Rudecindo partió el sable contra una pieza al pasar de largo por el cráneo abierto de un artillero. La persecución fue solo de 5 leguas hasta el Portezuelo porque la caballada estaba exhausta, más por las exigencias del cruce que por la batalla misma. Retornaron al campo de batalla donde la  definición era inminente. El combate fue para Rudecindo la confirmación de un absurdo. En la guerra que es un asunto de rostros y cuerpos que se transforman, él buscaba un hombre que se le hacía confuso.

Cuando la jornada era ya de las fuerzas patriotas, Rudecindo Sosa Luna era una disgresión con el rostro crispado entre el júbilo general. Guardó su sable roto en la vaina porque lo estimaba como a un amigo. El 14 de febrero el General San Martín entró en Santiago. El 16 una partida al mando del Capitán Aldao es avisada por un patriota chileno de una comitiva realista en fuga cerca de Valparaíso. En esa partida de 30 granaderos estaba el Cabo 1º Rudecindo Sosa Luna.

El depuesto gobernador de Chile Casimiro Marcó del Pont y otros funcionarios huían hacia el norte luego de que el barco que los auxiliaría zarpó sin ellos. Una escolta mínima de diez soldados de caballería estaba al mando del impostor sargento Alderete. Los hombres se reconocieron. Rudecindo, sin un gesto, cargó con el sable roto. Alderete intentó una maniobra que fue insuficiente. El sable, con la punta rota entró en el pecho del realista, forzado entre el tejido rojo del uniforme, en la resistencia de las costillas y finalmente desgarrando de muerte los órganos. Alderete (Que en realidad se llamaba Joaquín Leguizamón Ortúvez) cayó del caballo con el sable atravesado. Rudecindo lo dejó ir de la mano en ese trance. La confusión terminó ahí. Con el último aliento le dijo al cabo primero de granaderos que la Cándida había huido a Mendoza. El había intentado que lo quiera pero había escapado hacia Rudecindo;  y que la mandó a perseguir pero que hallaron despeñada cerca de Uspallata.

_Cabo me va a explicar todo esto después de cumplir 30 días de arresto, ¡¿está claro?! _  lo incriminó intrigado el Capitán Aldao.

_Sí mi capitán_  respondió el granadero que por primera vez en su vida lloraba por amor.

 

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El gesto

Puede que haya sido que desde Leipzig en realidad ya todo estaba perdido o que al emperador los acosaban los dolores y el cansancio de un número igual de victorias y derrotas. Puede que haya sido que al valiente Ney lo enloquecía la fatiga de guerra o la oportuna intervención de Blucher que socorrió lo esfuerzos tambaleantes de Wellington. Pudieron ser las mil oportunidades perdidas en Quatre Bras y Wavre o las estériles y sangrientas cargas de coraceros en La Haye Saint y  Hougomont. Fue todo eso y también fue un gesto.

El 7 de marzo luego de huir de Elba, Napoleón y sus seguidores encontraron en Grenoble al 7º de ligne que tenía la misión de arrestarlo. Al ver al mito, olvidaron la lealtad borbónica y se unieron al águila. Wellington lo decía: “La aparición de su sombrero en el campo de batalla tiene la fuerza de 40.000 hombres.

Napoleón entendió que dejó de ser un aventurero y se convirtió en príncipe. Un hecho consecuente afirma y agrava esta sensación.

El 1º de junio el emperador convoca un desfile abrumador de sus tropas en el Campo de Mayo en París donde repartiría Aguilas para elevar la moral. Siempre  lo dijo: “un hombre peleará más y mejor por un pedazo de tela coloreada”.

Había abandonado el uniforme de Chasseur y el célebre bicornio y aparecía ataviado con una capa color violeta, una túnica  de terciopelo carmesí, una toga de terciopelo adornada con una pluma blanca, pantalones de satén blancos y zapatos de satén también blancos adornados con diamantes y rubíes; Y una espada rematada en diamantes. El carisma arrollador sobre el que cabalgaba la campaña, se descomponía a los ojos de los veteranos que se entendían en un contexto de supervivencia; y el emperador advirtió que el calor no era el mismo que en Wagram o en Austerlitz cuando el pedía juramentos de fidelidad. Ese encuentro agónico se tradujo en mil reveses decisivos en Waterloo.

Napoleón en Grenoble.
Napoleón en Grenoble.

ney

Affleck va a ser un Batman maravilloso.

Lo sé porque al mando de “Batman vs Superman” está Zack Snyder. Y no es que el tipo sea perfecto. Se atreve a cosas que le quedan grandes como “Watchmen”; pero eso le quedaba grande a cualquiera. Pero Snyder es un tipo que ama el género. De hecho, Snyder es tan estricto con  el cómic que hasta parece poco creativo. “300” es cuadro por cuadro el comic hecho película, con variaciones mínimas. Los nerds aman eso, de la misma forma que odian que Ben Affleck sea Batman.

Sé que Snyder podría hacer un Batman maravilloso incluso con Jerry Seinfeld. Lo sé, porque el tipo creció leyendo a Frank Miller y se llega a Frank Miller a través de “El regreso del caballero oscuro”, un Batman discrónico que es la representación más fiel del personaje y su esencia.

Lo sé también porque el tipo agarró a Superman, que es un personaje aplastado por su propia omnipotencia e hizo una película alucinante.

Y tiene huevos. Así como se animó a hacer Watchmen que resultó una peli discreta y eso es malo de decir cuando el origen es un monstruo del comic (el monstruo es también el autor Alan Moore), el tipo ahora encara  “Batman vs Superman”. Porque, y es entendible, esto que los Nerds vienen pidiendo hace años y es un concepto con el que los comics juegan desde siempre, a Hollywood le sonaba a un absurdo, a una imposibilidad. Ok… Que “Batman vs Superman” sea hoy viable no es un mérito de Snyder. Es, hasta DC Comics lo sabe, consecuencia del éxito de las pelis de Marvel. Y no me nombren a “Daredevil”. Golpes bajos no…

Affleck es un gran director, incluso un excelente guionista; pero tiene las posibilidades actorales de una placa de yeso, me van a decir. El enojo general en la elección es ese, supongo.  Incluso me van a decir que tiene cara de boludo. Bueno… el Batman de Tim Burton era Michael Keaton y si me dan a elegir le tiro a Ben la máscara y el traje sin pensarlo.

Una película es la suma de las partes y con esta perogrullada quiero decir que Snyder que es un poco bruto, pero tiene huevos, entiende esa idea. Sé que lo va a hacer encajar a Affleck en un relato trabajado y en una estética estricta y casi religiosa con género. Sé también que entiende la dinámica de la relación entre el hombre de acero y el murciélago formulada por Frank Miller. Y la película es eso. Y si el director entiende eso, puede trabajar con Ben Affleck, con Anthony Hopkins o con un muñequito de Lego.

Y saben qué. Hemos pasado por cosas peores. Si Batman pudo recuperarse de Shummacher, puede recuperarse de cualquier cosa.

No tengan miedo.Ben Affleck va a ser un Batman Maravilloso.

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El Hobbit

Yo tenía 12 o 13 años y marcó mi madurez como lector; Lo terminé en un solo día. Venía de Verne, de Salgari, de Twain y de Asimov y simplemente terminé de leerlo y lo releí otra vez, pero con más cuidado. Lo voy a ver al cine como cuando uno se encuentra a un amigo con el que uno se divertía mucho de jóvenes pero que ahora está cargado de éxito, de responsabilidades y horarios ocupados.

El Hobbit es la alegría de la aventura con amigos que serán para siempre. La búsqueda del tesoro que reside en una cueva en la que nuestros miedos están hechos Dragón. Pero el arma fantástica, el adminículo mágico y sobre todo una valentía sacada de las tripas nos llevan “There and back again”.

El “Señor de los anillos” es más oscuro y esumbrador y la película “El Hobbit” está teñida necesariamente de esa pesadumbre que en el relato original apenas es un rumor entre las hojas del Bosque Negro.

Una discusión estéril supone que alargar el libro a tres películas es un error. Quizás lo sea, pero lo cierto es que, atendiendo a las necesidades de Hollywood, Jackson resolvió la situación magníficamente. Y punto.

Atesoro ese primer el ejemplar con ilustraciones y mapas de Tolkien. Me lo tomaba en serio. En algún lugar estaba el Dragón y el tesoro y eso es curioso,  porque como ya tenía doce o trece me acerqué al Hobbit con desconfianza. “¿En serio, Dragones?” A mi me sonaba a los cuentos de mi abuela o a la Cenicienta. Juro, los dragones para mí eran un tema superado. Yo lo veía en la foto, fumando en pipa como Gandalf y leía que había nacido en Sudáfrica y asumía que el tipo sabía cosas que yo no. Y elegí creer, ciegamente, en dragones  y elfos. Todavía creo.

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